[ TIRAD SOBRE EL PIANISTA ]

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ARABELLA DE HAVILLAND FOREVER

Mis mujeres de cine - 11.

Ayer se nos fugó la última estrella del Hollywood de la indiscutible supremacía cinematográfica: Olivia de Havilland. Además de su historial de éxitos, dos Oscars ( “La heredera” y “La vida íntima de Julia Norris”), otras tres nominaciones, entre ellas la inolvidable Melania de “Lo que el viento se llevó”, esa película que -¡quién nos lo iba a decir!- gracias a la presión de la hordas marxistas de Black Lives Matter ha sido “cancelada”, o sea, vetada, y de otras distinciones, fue una de mis musas infantiles gracias a esas películas que mezclaban, equilibradamente, la acción con el amor. 

No puedo hablar de ella, de Livvie, sin recordar las películas que hizo con el hombre del que tan enamorada estuvo: Errol Flynn. Las leyendas de cine cuentan de un amor profundo que se quedó en el eterno e inmarcesible campo de la ilusión. La propia Olivia confesó, muchos años después,  que estuvo enamorada de Flynn, que le era imposible resistirse a los encantos del galán australiano. Esa magia romántica ya se ve en la primera película que hicieron juntos, “El capitán Blood”, mi favorita de entre todas las que filmaron, y que, en mi memoria arbitraria y discriminatoria, es el personaje que la ha colocado en la lista de inolvidables: el de la inocente, dura  y buena Arabella Bishop.

“El capitán Blood” está basada en una novela del escritor inglés, de origen italiano, Rafael Sabatini  y, como siempre ocurría en una época donde las películas no debían de llegar a las dos horas fue inteligentemente mutilada para dejar sólo lo más importante. Y lo mollar, quién lo duda, era la “love story” entre Arabella de Havilland  y Peter Blood Flynn.

La historia (y nunca mejor dicho) comienza con la disputa del reino de Inglaterra y Escocia entre el Duque de Monmouth y Jacobo II. La rebelión del hijo natural de Carlos II acaba en el fracaso y todos sus participantes, acusados de traidores, van pasando, ordenadamente, por las horcas. Peter Blood, exaventurero, con amplia experiencia bélica pero que ahora es médico –y parece que bueno- no participa en la revuelta, pero se ve implicado cuando va a socorrer a un amigo herido. La escena donde Blood defiende su inocencia ante el tribunal nombrado a dedo por Jacobo recuerda que muchas cosas no han cambiado lo suficiente a pesar de los siglos transcurridos; la maldad, desgraciamente, continúa al mando. El bueno de Peter es condenado a muerte y se salva de ella cuando un asesor del rey aconseja a este que no se pueden seguir dilapidando vidas y que hacen falta esclavos para trabajar en las plantaciones coloniales de las Indias Occidentales. Lo bueno que tiene ahora esta decisión es que como white lives not matter y la historia la reescriben los rojos no hay peligro alguno de que veten la peli de Michael Curtiz – sí, el mismo de “Casablanca”- y todo el que quiera la podrá seguir disfrutando. La recomiendo a los que no la hayan visto todavía, es una agradable vuelta al pasado del cine, tan cercano y, sin embargo, tan lejos.

De esta forma el destino lleva a Blood y a sus compañeros a Port Royal, Jamaica, donde viven el despiadado- y lerdo- coronel Bishop y su encantadora sobrina Arabella. Bishop, que es el mandamás encubierto de la ciudad, es el primero que tiene derecho a elegir esclavos, pero rechaza a Blood porque este le planta cara y se ríe de él. Esa actitud desafiante le encanta a Arabella que decide pujar por su cuenta por él…, y lo consigue. Luego, como no sabe qué hacer con un esclavo, le deja caer en el pack de su tío. Eso sí, fue la única que tomó nota de la publicidad del traficante para dar más valor a su mercancía: Blood era médico.

Como las familias importantes siempre se conocen, Arabella tenía una excelente relación con el Gobernador y su señora, y como el gobernador padecía de gota y tenía unos médicos muy malos, miss Bishop, astutamente, aprovechó la ocasión para sacar al hombre que ya la había encandilado de los duros trabajos de la plantación de su tío. Como era de esperar el tratamiento del Dr. Blood (doctor legalmente cualificado, no como otros que padecemos) fue un éxito y, desde entonces, se convirtió en el mimado protegido del gobernador.

Blood, listo, sabía que era su ocasión para planear su fuga y la de sus amigos, pero la dulce Arabella seguía sus pasos y descubrió sus intenciones y, aunque lo protegió a él cuanto pudo, dejó a los pies del burro de su tío a uno de sus más importantes amigos, el futuro timonel de la barca de la salvación. Blood, luego de dar las instrucciones a sus amigos, tiene que partir con urgencia a atender al Gobernador, Arabella le sigue, y frente a la casa de su paciente y en medio de una tensa conversación de enamorados en posiciones opuestas en la escala social, el doctor la besa por primera vez. 

Hubiese podido ser el primero y el último, pues los acontecimientos se precipitan y, curiosamente, los que salvan a Peter Blood de unos latigazos de podrían haber sido mortales, son los españoles que atacan Port Royal. Los esclavos blancos - a ver si viendo la peli algunos se enteran de que no todos los esclavos fueron negros-  aprovechan el caos del ataque para escapar y sacar rédito de la confianza de los españoles en su victoria, para apoderarse del barco y escapar, no sin antes darle lo suyo al coronel Bishop que había ido a conocer a sus –supuestos- salvadores.

La forma de vida de Blood, esclavo huido, no podía ser otra que la del filibusterismo, y así fue. Hay que decir que Peter, irlandés, decidió no hacer distinción entre los barcos de ninguna de las tres grandes potencias de entonces, Inglaterra, Francia y España y, curiosamente,  impuso unas reglas de repartición del botín muy “progesistas” para la época. Ya quisieran los podemitas que el Chepas de Galapagar actuara como don Pedro Sangre.

Blood era libre, sí, pero seguía atado al amor de Arabella, a la que pensó que nunca volvería a ver. Lo mismo ocurría con ella, y tan mal la veía su tío que, por suerte para todos, decidió  enviarla por un tiempo a Inglaterra. Y, ahora, perdonen mis trampas, pues mezclo la novela con la peli porque, tengo que decirlo, sospecho que esa lectura fue la que consolidó mis preferencias por Arabella de Havilland. El ya capitán Blood, perdidamente enamorado, puso a su barco el nombre de “Arabella” porque no podía sacarla de su cabeza; sus amigos, sin embargo lo interpretaron como pura ironía en recuerdo a su etapa como esclavos del tío de su amada.

El capitán comienza entonces una exitosa vida como bucanero y el destino, en la película, le devuelve a su amada vía su poco fiable socio Levasseur: este ataca el barco donde regresa Arabella a Jamaica, acompañada por el embajador del nuevo rey de Inglaterra (Jacobo fue breve y le sustituyeron, en equidad, María II y Guillermo III) que, atraído por la eficacia filibustera de Blood, le enviaba, a través de su representante, el perdón y un alto puesto en la Royal Navy. Blood rescata a su amada y al embajador de las garras del francés, matándolo en justo duelo, pero  el capitán, en tiempos en que no había internet y ni siquiera existía el New York Times, ni idea tenía de que Jacobo era lodo pasado y, coherente con su desprecio por este, se negó a tener conversación alguna con su supuesto embajador. Eso sí, galante con la dama que, nerviosa, le llamó “ladrón y pirata” decidió llevarla de vuelta a casa.

Mientras tanto, el coronel Bishop, ahora gobernador, se había ido a perseguir a Blood dejando Port Royal desguarnecida, decisión que aprovecharon los franceses –en ese momento de la historia el principal enemigo- para atacar Port Royal…, y, entonces, llegó ahí la redención de Peter Blood: salva  a la ciudad tras enterarse del cambio de monarcas y aceptar la incorporación a la Royal Navy; se gana, tras la victoria, el puesto de gobernador (y esta vez es Bishop el que no se entera) y conquista, por fin, a la bella Arabella. Todavía puedo sentir por Flynn la misma envidia que experimenté hace más de 50 años cuando vi la película por primera vez: Arabella de Havilland forever.

 P.D.: Flynn murió en 1959, a diferencia de su amada Livvie, fue una vida breve, de apenas cincuenta años.  No me gustó nada su última película, tengo que decirlo.

 

COMENTARIOS [0]
[ wh ] ha dicho:
29-07-2020

Doña Macarena Olona, una vez más, deja a este gobierno de inútiles en pelota picada.

[ NickAdams ] ha dicho:
27-07-2020

¡Inolvidable, de Havilland! La novela es también muy buena, como apunta Marcus, y psicológicamente está mejor hilvanada la historia de amor. 

Por mi parte, de las de Flynn-Havilland, me quedo con Santa Fe Trail, donde tenemos al gran Ronald Reagan haciendo de Custer.

¡Cómo echo de menos el cine de los buenos viejos tiempos!

[ Marcus48 ] ha dicho:
27-07-2020

Muy buena película, mejor novela, excelente interpretación e inmensos, en sus papeles, Olivia y Errol. Gracias wh por traernos esos bellos recuerdos. Efectivamente: "cualquier tiempo pasado fue mejor",.....al menos comparados con otros. más cercanos

[ doncel ] ha dicho:
27-07-2020

Bravo, víbora samba.

Cuando yo pienso en esta pareja, pienso sobre todo en Murieron con las botas puestas. 

Nos vamos quedando, como es natural, sin los centenarios. Hace poco Douglas; ahora Olivia. 

Esto tengo que decir, con este artista difunto que en gloria esté:

https://www.youtube.com/watch?v=c1WgW4y9Xes

A propósito: Una de las declaraciones más sorprendentes que he oído jamás de un ser humano es la de "a mí no me gusta el cine". Caray, si no te gusta el cine, no te gusta la vida; estás listo pa empaquetar.

No pasaréis, liberticidas.