[ LUCES DE CHAMARTÍN ]

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PAÍS DE QUIJOTES, I

Dedicado con cariño y respeto a mis compañeros de Tásfor, fuente de inspiración, de contraste, y acicate de todo lo que van a leer a continuación, y de mucho de lo que hasta ahora me han leído.

He escuchado a mucha gente, gente cuya opinión considero sobradamente informada, decir estos días, al socaire de las últimas y decepcionantes elecciones generales, que los españoles ya no somos los mismos, y que los genes, o la sangre, o lo que sea que tanta gloria nos trajo, están muertos, o cuando poco, diluidos hasta lo irreconocible. Hoy vengo a proponerles que los resultados de estas últimas elecciones son un corolario inevitable de nuestra naturaleza como pueblo, para pasar, en una segunda entrega, a discutir si realmente dicha naturaleza ha cambiado tanto, y por qué. Como muleta y soporte de todo ello, voy a valerme de la obra que, junto con “Mortadelo y Filemón”, más me ha enseñado sobre la naturaleza de los españoles. Hablo, por supuesto, de “Las Aventuras Del Ingenioso Hidalgo Don Quijote De La Mancha”, de ahí mi délfico título.

Empecemos por las elecciones en sí. Algunos las planteamos como un plebiscito sobre la supervivencia de España, a elegir entre la derecha española y la izquierda anti-española, y subordinamos las cuestiones económicas, sociales y hasta morales a la solución del problema territorial, léase el catalán ahora mismo. Como consecuencia lógica, muchos han, y aquí el uso de la Tercera del Plural es tan intencional como antes lo ha sido el de la Primera, interpretado los resultados, mayormente favorables a la izquierda, como que a la mitad de los españoles, o les da igual la Patria, o directamente quieren que desaparezca. Discrepo radicalmente, por tres razones fundamentales:

Primera, y, creo, más evidente: dado nuestro magnífico “Estado de las Autonomías”, existen infinidad de vehículos de expresión y opciones políticas que satisfagan a los verdaderamente antiespañoles, y no solo en las “autonosuyas” de siempre, que hasta en Andalucía hay idiotas reclamando el pasado califal, o en Castilla los hay celebrando Villalar. Por desgracia, pero por suerte para mi argumento, si realmente te produce urticaria la misma idea de España, en todos los sitios puedes votar por partidos verdadera, explícita e indiscutiblemente antiespañoles, y no por un partido, el PSOE, que se profesa patriota, por mucho que sus actos lo pongan normalmente en duda. El caso de la siquiera pretendida españolidad de Podemos es más discutible, con esa afición tan suya por el palabro de “Estado Español” para ni siquiera pronunciar “España”, pero Podemos, con su 12% de los votos, pocos más de los que la antigua Izquierda Unida sacó en su apogeo, con Julio Anguita, es ya más testimonial que sustancial. Y, en cualquier caso, también a Podemos le aplica el caso anterior: podrán ser españoles tibios, pero ahí están los distintos partidos secesionistas para el que es directamente antiespañol.

Segunda, y para ello tengo que hacer de advocatus diaboli, que se note que los latinos de verdad somos nosotros, y no los reggaetoneros caribeños, está muy lejos de quedar demostrado que un gobierno de derechas en Madrid garantice una solución al problema nacionalista en mayor medida que uno de izquierdas. Después de dimes y diretes, ha sido a Mariano y a Soraya, con su despacho en Barcelona que todo lo iba a solucionar, a los que les han declarado la independencia, no al PSOE, y ya es la segunda vez, que durante la II República también fue a Lerroux y Gil Robles y no a Azaña. ¿No será por algo? Nosotros por supuesto diremos, y yo el primero, que es porque con la izquierda en Madrid ya consiguen lo que quieren por las buenas, pero hay diez u once millones de españoles que consideran que la solución del problema reside en el diálogo y la cesión, y no porque estén diametralmente equivocados, que repito creo que lo están, tenemos derecho a tildarles de “antiespañoles”. A unos nos gustan los entrenadores blandengues tipo Carletto o Zizou y a otros os gusta la caña mourinhista, pero madridistas somos todos, damas y caballeros.

Y la tercera, finalmente, me la trae Bill Clinton, “It´s the economy, stupid!”. El espejismo de Andalucía, la región más izquierdista en lo económico, pero más españolista, de España, nos engañó a todos. En general, y salvo sobresaltos puntuales, a los españoles les preocupa más lo suyo que lo colectivo, como por otra parte al 90% de la Humanidad. Es evidente que la plebs, y más la española, tiene una memoria colectiva muy corta, y como ya llevamos casi dos años en los que la polaquería subvencionada sale poco en la teletonta haciendo el anormal, y que además tenemos a sus cabecillas en el talego y delante del juez, pues parece que todo está controlado, que no hace falta revolver más el asunto, y que podemos, felizmente, volver a nuestras prioridades de siempre, esto es, qué malo es el mediocentro que hemos fichado este año, quien crees que irá al “Sálvame Deluxe” de esta semana, y a ver si me dan una paguita de algo para no tener que calentarme el lomo.

Y no solo es la economía, estúpido, sino que siempre ha sido la economía, estúpido. El Felipismo cayó no por el GAL, ni por Filesa, ni por las leyes antinaturales, anticristianas y antidemocráticas que nos trajo, empezando por la del aborto y siguiendo por la LODE o la LOPJ, sino por la crisis económica de primeros de los 90, y lo mismo su sucesor y continuador de sus designios, por mucho que ahora Felipe se desentienda de él, con la crisis financiera del 2008. Igualmente, y en sentido contrario, no fue Aznar el único presidente de la democracia en mejorar resultados en unas elecciones estando en el gobierno por su política antiterrorista, ni por hablar catalán en la intimidad, sino porque nos trajo el pleno empleo y un eslogan, “España va bien”, que por una vez entre los políticos, no era una mentira. 

De las elecciones del 2004 prefiero no sacar conclusiones, que, como discípulo de los grandes Pirenne y Bloch, creo en analizar las tendencias generales y no los sucesos particulares, y no todas las elecciones van a ver un atentado que deje 192 muertos 72 horas antes de que se abran las urnas. En cualquier caso, volveremos sobre estas elecciones, porque sí que hay una conclusión general que creo que se puede sacar de ellas.

Y estas elecciones, en fin, no han sido una excepción. Es muy cierto que Mariano, eso sí que lo hizo, nos libró del rescate financiero de la UE, pero a costa de unas soluciones muy socialistas, esto es, subir los impuestos, endeudarnos hasta las trancas, y seguir aumentando el ya de por sí elefantino tamaño de nuestras Administraciones Públicas, que es, euro arriba euro abajo, lo que ha seguido haciendo Don Julián Sánchez en los ratos que le han quedado libres, que por supuesto era más importante y ayudaba más al españolito medio desenterrar a Franco que aprobar los Presupuestos Generales. Dada una situación económica color ala de mosca, que parece según le da la luz, entre la concurrencia ha habido división de opiniones, que todavía dicen los taurinos, mientras no los metan en el Gulag. No, los españolitos no se preocupan en el día a día por otra cosa que no sea su mendrugo de pan diario, y, en general, no quieren que les vengan con historias, y menos, por mucho que el PSOE crea que sí, con Historias.

Entonces, me dirá alguno, que si tanto nos preocupa la economía, ¿Cómo es que solemos votar izquierda, al menos en mayor medida que nuestros vecinos europeos, cuando está sobradamente demostrado, y ya llevamos más de cien añitos de demostración, que el socialismo no produce más que atraso y miseria? Muy sencillo, porque lo que los españoles entendemos por “economía” no es lo que entienden nuestros vecinos del Norte, y no estoy hablando tanto de Francia, sino de más arriba, de los rubios protestantes.

El español medio no sueña con un Mercedes, pero sí que tiene pesadillas con que su vecino no se lo compre; si sus hijos no tienen zapatos no tardará ni un día en buscarse otro currelo para las noches y otro más para los fines de semana si hace falta, pero ni se le pasará por la cabeza quedarse media horita más todos los días para que se fije el jefe y le suban el sueldo; nadie sueña con la oficina de esquina en los pisos de arriba ni con una secretaria de patas interminables trayéndonos el café, en general somos felices tomándonos ese café en un corrillo con los colegas delante de la máquina del pasillo, poniendo a parir al pelota de Gutiérrez, siempre detrás del jefe; Gutiérrez, por cierto, era uno de esos colegas, y sigue siendo encantador y graciosísimo, pero ya nadie le invita al bar al salir, por pelota; y por supuesto, a ninguno de todos esos que se pasan el día quejándose de lo insoportable que es el jefe se le ocurrirá el montárselo por su cuenta, aunque le sobren la experiencia y los contactos y tenga un dinerillo ahorrado para empezar; no, que por lo menos tengo mi sueldo a fin de mes, y ese dinerillo es para tirar la cocina; y si alguna fantasía erótico-laboral tiene, normalmente reside en encontrar un enchufe en la Administración, que ganar voy a ganar lo mismo, pero de ahí ya no me pueden echar.

Los jóvenes españoles no quieren ser ricos, quieren ser funcionarios; Amancio Ortega, lejos de ser el modelo y héroe de nuestra juventud, es denostado, ante el aplauso de algunos y la indiferencia de la mayoría, por pisaverdes indocumentados que no saben lo que es levantarse a las seis de la mañana para ir a currar; no reconocemos el esfuerzo más que para salir del desastre, y una vez estamos instalados en la confortable mediocridad, nos olvidamos de él; más que perezosos, que hemos demostrado en sobradas ocasiones que no lo somos, somos gregarios, cobardes, y dudosos de nuestra propia valía y nuestras posibilidades. La ambición y la seguridad en uno mismo es denigrada como tara moral, lo único no criticable es el adosadito como el de todos, el utilitario como el de todos, la ropa aseadita pero no de marca, porque en cuanto creces un poco por encima del resto la opinión pública reclama tu poda, cual Ramiro el Monje.

Y eso, en definitiva, es lo que nos propone, propone, que no entrega, el socialismo, pero estamos hablando de lo que espera la gente cuando vota lo que vota, no de si aciertan o no. El liberalismo no te promete nada más que un campo regulatorio, impositivo y de seguridad propicio a que te busques tu fortuna según tu valía, pero eso asusta sobremanera al españolito medio. El español lo que quiere es dormir tranquilo sabiendo que, por muy zopenco que sea, el sistema no va a permitir que quede muy en evidencia ante sus vecinos, que siempre va a jugar con una red que le va a garantizar vivir más o menos como sus pares, y cumplir con el mínimo que se espera de él, esto es un pisito de 80 metros cuadrados a veinte estaciones de Metro del centro de Madrid, un Ibiza a plazos, y un par de semanitas al año en Villajoyosa. Así es como nos criaron, amamantados en las seguridades del crecimiento económico y empleo asegurado que les trajo Franco, con perdón, a nuestros padres, y eso es lo que queremos.  

El español del Siglo XXI es un cobarde, damas y caballeros. No es un vago, y tampoco me parece que sea, a pesar del tópico Unamuniano, particularmente envidioso, simplemente no cree en sí mismo, y no estoy hablando como nación, que de eso ya tratamos en su día, por cierto en un ladrillo escrito también, como hoy, desde el Lindo Y Querido, sino como individuo, o como activo valioso en el mercado laboral y empresarial. Jamás pensamos en que nuestro Ibiza se pudiera convertir, dado un marco laboral y económico más liberal, en un BMW, sino que nos puede más el miedo de que ese BMW acabe en el garaje del vecino y que nosotros quedemos como unos fracasados. Mejor el café para todos, y no estoy hablando de las autonomías ahora. ¿Será, como decíamos, que “Los españoles ya no son los de antes”? ¿Qué hemos dejado de ser un país de Quijotes?

 

COMENTARIOS [0]
[ setecaba ] ha dicho:
26-06-2019

Gran artículo ALMP, aunque algunas pequeñas puntualizaciones. 

-Aunque se repita el mantra no es verdad. Mariano bajó en 300.000 el número de funcionarios de la administración. Se pasó de 3,3 millones a 3 millones. Es un 10%. ¿Qué podían ser más? No entro en eso, pero en ese sentido obró en el buen sentido. 

-Subir impuestos a la vez que recortas gastos para pagar deuda no tiene que ser una mala política, si el criterio es parar el crecimiento de deuda, bajarla con una economía despeñándose al 2% era una quimera, y se demostró en el 13 y en el 14 que era la correcta. Una vez que tienes al enfermo estabilizado y creciendo, teniendo financiación de los acreedores que sabes que España te va a pagar, pues ya puedes bajar los impuestos, como se empezó en el 15 aunque ya llegaron muy tarde. 

-Sobre el fondo, sí y no. Los que llevamos años en la empresa privada luchando día a día, tampoco hemos visto claro esa relación horas de más beneficio, y eso hace que lo que la gente hace con ganas a los 30, cuando llegas a los 40 y a pesar de sacar una y otra vez tu trabajo el lugar es el mismo, pues buscas tu cafecito con tus compañeros, y ves desde la barrera a ver si Gutiérrez es capaz esta vez de romper el techo de cristal. El españolito tiene parte de culpa, es verdad, pero el empresariado español y el jefe medio tampoco es el rey de la ley de causa-efecto. 

¿Cómo mejorar esto? Yo lo veo difícil. Por ejemplo, hace poco lei un libro que se basaba en las tres leyes de la motivación en el trabajo: 

    -Autonomía.

    -Dominio.

    -Fin en el trabajo. 

El primer punto es muy difícil encontrar en España, donde los jefes suelen creer que les estás engañando. El segundo es difícil con la baja formación, y encima, cuando se domina un trabajo, no suele haber subidas correspondientes a ese trabajo. El tercer punto, al haberse quitado un proyecto común de país, pues es muy difícil de encontrar en Banco Botín Maté a Papá trabaja 10 años que entras en el siguiente ERE. 

[ setecaba ] ha dicho:
26-06-2019

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