[ TIRAD SOBRE EL PIANISTA ]

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BOOM, JAMES BOOM

Lo que más llama mi atención del boom de James es cuán poco sabían los profesionales del fútbol, esos que escriben en los periódicos más notables de España, sobre este simpático colombiano de 23 años recién cumplidos y que responde al nombre completo de James David Rodríguez Rubio. O si lo sabían - que prefiero beneficiarlos con la duda -, ¿por qué no les parecía un jugador tan notable como para que el Real Madrid de Don Florentino Pérez Rodríguez se fijase en él y pagase por su traspaso una suma que – según dicen, porque ya yo me creo pocas cosas – ronda la más que respetable cifra de los 80 millones de euros? 

La fulgurante carrera de James comenzó en Argentina a los 17 años – el extranjero más joven en debutar en esa liga –, en el Bandfield, y se saldó con el título en el 2009. Ya en el 2010 estaba en Europa jugando en el Oporto, equipo con el que ganó 5 títulos, entre ellos una Europa League. Y ahora viene lo mejor: en julio de 2013 es traspasado al Mónaco, que pagó 45 millones de euros por la reluciente perla de Cúcuta.  Recordemos que ese mismo año, un mes más tarde, el Madrid soltaba – dicen que – 27 millones por Isco y poco después alrededor de 40 por otro centrocampista, Asier Illarramendi, llamado a ser –según los que saben- el Alonso 2.0.  Y yo me pregunto: ¿sabían los ojeadores del Madrid de la existencia de James? ¿O sólo tenían enamorados ojos para Isco e Illarramendi? ¿Lo sabían y se les adelantó el Mónaco? ¿Lo sabían y el jefe les ordenó mirar para otra parte? ¿Y el Mónaco, que tanto valoró hace apenas un añito a James, lo suelta ahora por 80? ¿Es esto un ejemplo de la tan cacareada excelencia de la gestión económico-deportiva del Real Madrid? 

Vayamos por partes. Servidor, aficionado al fútbol de perfil bajo, reconoce que nunca había oído mencionar a James Rodríguez, y tampoco había leído nada sobre él en la prensa española o en la blogosfera, donde hay también muchos expertos o que presumen de ello. A James lo descubrí en este mediocre mundial, encabezando a una Colombia que seguramente mereció llegar más lejos. Me gustó James dentro y fuera del campo. Me gustó su juego, me gustó su carácter y me gustó la forma en que habló sobre el Real Madrid, con una emoción que no se puede improvisar, que se sintió genuina, pura. Fue en ese momento, y no antes, en que pensé que estaría bien que ese chico jugara en el equipo de sus sueños y que, seguramente, sería esa una relación win-win porque nos daría mejor rendimiento que la dupla Isco-Illarramendi. Fue casi – y hay que reconocerlo sin tapujos - amor a primera  vista, pero este servidor puede permitirse esas debilidades porque es un simple aficionado madridista, uno de los que ni pincha ni corta. La directiva del Real Madrid, no. La directiva del Real Madrid no puede fichar por amor, por intuición o por capricho. Me encanta James, pero no creo que valga 80 millones de euros. ¿Por qué entonces el Madrid, que el año pasado no se enteró de su existencia, este año tira la casa por la ventana por el colombiano? Pues voy a aventurar una hipótesis. No es más que una intuición, pero me parece verosímil; una hipótesis que parte de la consecución de la ansiada Décima. A Don Florentino se le veía feliz y orgulloso al colocar la Décima en su lugar de culto, el museo del Real Madrid, y también – por qué no decirlo -, aliviado. La muy deseada Décima le da un respiro: se acabaron las prisas, las presiones de dentro y de fuera, ahora puede volver a ser él, a actuar como le gusta, eligiendo los cracks que le ilusionan, que le enamoran, como el aficionado que nunca ha dejado de ser. Justo como servidor, pero con dinero para gastar y poder para decidir. Y esta es, para mí, la principal razón por la que hoy será presentado James Rodríguez como nuevo jugador del Real Madrid: porque le gusta a Don Florentino Pérez Rodríguez, y vale ya.  Y también porque el exitoso empresario que hay en él intuye que este jovencito venderá muchas camisetas aquí, en Colombia y en gran parte de América. Negocio redondo en términos florentinianos.

Con esto se cierra el tema principal (James está dentro) y se abren los temas deportivos que en un club regido por alguien que diera  prioridad a estos criterios – digamos el Chelsea de Mou -  serían los decisivos. Empiezan entonces, digámoslo así, los problemas de cabeza para Ancelotti, que no sabemos si quería, como yo, a James en su equipo y había previsto un puesto para él la próxima temporada. Porque lo que si esta claro para todos – pro y anti James- es que un jugador que cuesta 80 millones tiene que ser titular y el Real Madrid,  a día de hoy, está superpoblado de centrocampistas: James, Kroos, Alonso, Modric, Khedira, Di Maria, Isco e Illarramendi. Ocho.  Todos dan a Di Maria por vendido, y bien vendido – aunque dicen algunos que  Carletto lo adora – y a Khedira a un paso de la puerta de salida. ¿Se van a ir estos dos y se quedarán Isco e Illarramendi? ¿Encaja James en una vanguardia que se prejuzga inamovible con Cristiano, Bale y Benzema? ¿Podrá ganar el Madrid con un esquema que, a priori, se presume muy débil en defensa? ¿Dónde jugará James? Esas y muchas otras muchas preguntas más serán las que tenga que responder el Míster la próxima temporada con la ayuda de Hierro y el resto del cuerpo técnico.  Lo que yo tengo claro es que si  Ancelotti consigue reorganizar el equipo y colocar a James en el lugar idóneo para él – en mi opinión, una especie de media punta retrasado y con libertad de movimiento - creo que disfrutaremos mucho viéndole jugar porque este chico tiene clase y facilidad para hacer muchos goles y, si no se lesiona – que Dios le guarde –, tiene muchos años por delante para ayudar a que el Madrid siga aumentando su inigualable palmarés. 

El boom mediático de James para traerle al Real Madrid ya se ha  consumado, pero a  mi el que me interesa es el boom de James como jugador y ese, aún, no está claro… aunque ya le hemos dado licencia para golear.

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