[ TIRAD SOBRE EL PIANISTA ]

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EL WATERLOO DE LA ROJA

Ayer, en Maracaná, el estadio más grande de Brasil, se escribió el capítulo final del último cuento que nos han vendido, el de “La Roja”. A veces la justicia funciona – no era España, no había tribunales ni jueces de por medio – aunque sea la llamada justicia poética, y la verdadera Roja, la selección  chilena, se cobró una venganza, justa, que colocó en  su sitio a los usurpadores. Y más justa aún, si cabe, por lo que cada uno hizo en el supuesto campo de batalla.

Muchos se creyeron los cuentos de siempre, esos que hablaban de conjuras, de "si se puede", de somos los mejores, de saldremos a darlo todo. Bla, bla, bla, bla. Nos intentaron engañar, una vez más, los de siempre y no es nuevo. Es la misma técnica que se ha utilizado para negar la crisis, para ver brotes verdes donde desaparece la vida,  para falsificar la realidad y ganar tiempo para lo que se precie en cada momento. Ahora han liderado el engaño colectivo los de grupo de Mediaset, principales beneficiarios de que su Roja llegara lo más lejos posible, porque supongo que la mayoría de los anunciantes que compraron la burra con reclamos ganadores no tendrán la cara de machacarnos con ellos hasta el final del mundial. ¿O sí? 

Hay muchas formas de morir y no todas son dignas. Los nuestros ayer salieron vencidos desde el primer momento. El lenguaje corporal era más que claro: estaban literalmente cagados. ¿Tiene sentido hablar de fútbol cuándo el equipo que supuestamente es el mejor de todos lo tiempos no jugó a nada? Yo creo que no. Desde el primer momento, con la primera oportunidad de Chile, ya se podía adivinar lo que iba a ocurrir. Y estos son los mismos que apenas veinticuatro horas antes decían que ellos se crecían en las situaciones límites. Bueno, quizás la de ayer no lo fuera. Quizás algunos no se habían enterado aún de que si perdían contra la True Roja se acababa el mundial para ellos, aunque les dejaran despedirse contra Australia. Si más de un millón de españoles no saben realmente cómo se vive realmente en Venezuela o Cuba y votaron a los que quieren que España se una al trío de la miseria generalizada, ¿que podemos esperar en un tema supuestamente menor como lo es el fútbol. Hay muchos, muchísimos, que no quieren leer ni pensar o simplemente mirar: siempre es más cómodo oír el cuento deseado. Pero los minoritarios que no apostamos por la comodidad ya lo veíamos venir, habíamos avisado con claridad que el equipo que se vio contra Holanda no podía ganar a un Chile joven, dinámico y con muchas ganas. Y así fue.

Ahora algunos de los principales responsables de la debacle de La Roja (a esta selección nunca la llamaré España), Del Bosque o Casillas, dicen que no es el momento de buscar culpables. Yo opino todo lo contrario, hay que asumir la responsabilidad en la victoria y en la derrota y para mi hay dos grandes responsables: Villar y Del Bosque y luego los decrépitos capitanes que ya no debían de haber estado en este torneo: Casillas y Hernández. De Villar, cuyo reinado amenaza con ser más longevo que el de Juan Carlos I, lo único que uno no se puede explicar es cómo con todo lo que se le ha visto hacer a lo largo de estos años sigue al mando. No me hago la menor ilusión de que renuncie. Hará lo de siempre, nada. Efectiva técnica que ha asimilado muy bien nuestro presidente Rajoy.  ¿Y el Marqués? Pues el Marqués debía de enterarse de una vez que ya se le ha acabado la suerte, irse a disfrutar de su marquesado y del dinero que ha ganado en su particular lotería futbolera - porque a mi, como técnico siempre me ha parecido una nulidad absoluta. La desaparición de Don Vicente de la arena futbolística será un alivio y se acabará la selección de jugadores por razones de amistad y compadreo. Y que te lo digan a tí, Arbeloa.

Xabi Hernández, ayer en el banquillo y contra Holanda como si hubiese estado en él, sabe mejor que nadie que ya no es el que era y por eso se va a predicar la santa doctrina del Tiki-Taka por tierras de infieles paganos – y claro, lo de “paganos” es por la pasta que le aportarán. Y en este caso sí que lo siento sinceramente. Me hubiese gustado que ese afán por vestirse rojo hasta la muerte lo hubiese tenido con el club de sus amores y se hubiese quedado dos o tres temporadas más en el Campo Nuevo. Pero ni siquiera esa alegría quiso darnos a los madridistas. Otro como Pinto.

¿Y su amigo del alma roja, Casillas? ¡Ay, Florentino! ¿Habrás tomado nota? ¿Te has convencido de que este hombre ya no está para jugar en el Real Madrid? ¿No presumes de ser un gran negociador? Pues convéncele de que su felicidad está en seguir junto a su amigo Xavi. Juntos pueden ayudar a vender mejor el legado de la Marca Roja. Eso sería lo ideal para el equipo, aunque sé no caerá esa breva porque el presidente del Madrid comparte la línea de conducta de Villar y Rajoy, ya promocionada por ese poeta de pobres que fue Julio Iglesias: que la vida siga igual. Por eso mismo no se querrá querido enterar de los repetidos fallos del mejor central del mundo, el Beckenbauer de Camas y, sobre todo, la fea patada de impotente que dio al final del partido. ¡Qué bien lo ha retratado ese gesto!

Ayer se cumplían 199 años de la batalla de Waterloo. Napoleón, derrotado en una batalla que había creído tener ganada, sintió que su suerte se había agotado y fue directo a ponerse en manos inglesas, aceptando que su etapa había acabado. Buen precedente para Don Vicente que me ha hecho recordar una frase que citaba con frecuencia el que fue emperador de los franceses: “Un ejército de leones mandado por un ciervo nunca será un ejército de leones.” La Roja, para su desgracia, tenía al mando a un ciervo que además está viejo, parece cansado y nunca, nunca, nunca ha sido valiente.

¡La Roja ha muerto! ¡Viva la selección española!

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