[ TIRAD SOBRE EL PIANISTA ]

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DE ROJA A ROSADA EN UNA JORNADA

Viernes Negro en la húmeda y caliente Salvador de Bahía. Viernes 12 + 1 para marchitar las flores de muchos culos largamente afortunados. Viernes de cenizas en Salvador de Bahía: las cenizas mojadas del titki-taka ridiculizado hasta límites nunca imaginados. Pero no debemos lamentarnos, al menos su muerte no fue tan aburrida como su larga y exitosa vida. Miremos siempre la parte "positifa". Supongo que al terminar el partido los valores futboleros del Tiki-Taka hayan descendido a mínimos históricos y, si ha sido así, me temo que el gobierno de Rajoy, fiel a sus tradiciones de ayuda al rojo caído, tendrá que salir presuroso a comprar, y mucho, para evitar su quiebra. No hay dudas de que vivimos en época de cambios  y esta vez todo  parece indicar que La Roja se irá de “rosita” de Brasil.

El partido comenzó bajo la lluvia y nada hacía presagiar su vergonzante resultado. Los desequilibrados palmeros de Telecinco, Paco y Manolo, se relamían de gusto en la primera parte  del primer tiempo, La Roja tenía una apabullante posesión de balón que aunque daba pocos réditos, permitía presumir de control. El primer momento estelar de la noche les llegó cuando Sneijder remató al muñeco y Casillas se anotó el paradón: lo estuvieron llamando “Santo” durante cinco minutos. Estaban felices y poco después les llegaría el éxtasis: dudoso penalti sobre el pillo Costa, que dejó muy bien colocado su pie para ser barrido cuando ya no había balón en juego, que ponía un 1-0 y que parecía augurar triunfo seguro. La cansada posesión continuaba: pases cortos y lentos buscando sorprender por aburrimiento… y casi lo consiguen, pues en el minuto 43  un preciso pase de Iniesta ( uno de los pocos a los que doy el aprobado) dejó a Silva sólo ante el portero holandés. Entonces el canario intentó una vaselina que no logró superar a Cillessen y del 2-0 cantado por muchos se pasó al empate a uno tras un fallo defensivo del mejor central del mundo, SR4, y acrobático golazo de Van Persie. Lo que realmente me sorprendió no fue el empate sino que parecía que había acabado el partido. Las caras de los jugadores de La Roja eran de abatimiento y desconcierto, como si les hubiesen prometido que a ellos nadie les marcaría un gol hasta que Casillas lograra su record de imbatibilidad y hubiesen descubierto, con dolor, que habían sido engañados. El partido ya había acabado en ese momento, pero nadie lo sabía aún.

La segunda parte fue otra, ni posesión, ni leches, la gasolina se había acabado y los holandeses, liderados por Van Persie y Robben, parecían frescos y motivados. Sólo se había producido un débil y lejano disparo de Iniesta cuando en el minuto 52 Robben se tomó su venganza tras un pase perfecto de Blind entre los dos centrales, Piqué y Ramos, a los que dejó tirados, lo mismo que a Casillas. Los rojos de blanco empezaban a enterarse, por fin, de que aquello iba a peor. En el banquillo, el Marqués de la Inopia parecía tranquilo: ¿por qué suponer que su buena suerte había acabado? Así que mejor no hacer nada. Poco más de 10 minutos después llegó el gol de la polémica y el que servirá, quizás, para justificar la goleada. En una falta botada por Sneijder, De Vrij remata sólo, junto al palo lejano, sin oposición. Casillas, una vez más había salido mal y, en mi opinión, la falta de Van Persie no influye en la jugada y el gol es justo. Pero no soy un especialista y entiendo que esto pueda ser discutible. Casillas reclamó con dureza, en castellano, al árbitro italiano. Una actitud belicosa y también "positifa" que hemos echado muchísimo de menos en el capitán del Real Madrid. Quizás esa amarilla le dejó tocado mentalmente y no pudo justificar la vitola de mejor portero del mundo luego del mal control con los pies ( Mou, Vecci, ¿alguien os dará la razón ahora?) que regaló al onfire Van Persie su segundo gol de la noche y el cuarto de los naranjas, anoche azules. No obstante, lo mejor para la afición holandesa estaba por llegar, el jugadón de Robben - seguramente aconsejado por su terapeuta - obsesionado por borrar el trauma que le provocó Iker hace cuatro años. Robben, que saliendo desde atrás gana en carrera, con el balón controlado, a un Ramos en su supuesta mejor forma de la temporada, que deja en el suelo, humillado a Casillas y luego marca, brillantemente, sin que el propio Ramos, o Piqué, puedan evitarlo. Era el 1-5, la manita, la locura de la grada naranja, el comienzo del proceso sucesorio de la Roja. Era lo que se veía venir desde hace tiempo y nadie quería admitir, como ocurrió con Zapatero y la crisis que todavía nos desangra.

Este Mundial promete sorpresas a pesar de que Blatter y Cía creen tenerlo todo bien controlado. A Blatter y Dilma les conviene que gane Brasil - o, al menos, que Brasil llegue lo más lejos posible -, y la abultada derrota de ayer, si se logra superar el nada fácil escollo de Chile, puede llevar a un Brasil-La Roja en octavos. Y creo que por ahí no pasará La Roja del Marqués. Hasta ahí no llega la influencia del cariacontecido Villar. Las primas se alejan, la vuelta de acerca, porque creo que ni siquiera llegará el enfrentamiento con Brasil: los chilenos mandarán a casa a La Roja.  Tampoco hay que lamentarse demasiado si eso ocurriera, miremos el lado "positifo", quizás así puedan disfrutar del honor de asistir a la coronación de Felipe VI.

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