[ LUCES DE CHAMARTÍN ]

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ESPAÑA Y LIBERTAD I

A día de hoy, cautivo y desarmado el ejército mariano, pero con unas tropas comunisto-separatistas que todavía no han alcanzado sus últimos objetivos criminales, el 57% del PP por fin se ha dado cuenta de que hay que rearmarse ideológicamente ante los ataques de nuestros enemigos. Lo que tiene ser la élite dirigente del paí, plena de clarividencia y anticipación, y tal. 

Los que me han aguantado dar tanto la tabarra con la importancia de las ideas ya se podrán imaginar quien era mi candidato, de modo que no me voy a extender ni en la Martin Bormann de bolsillo, encantadísima de haber por fin heredado de Hitler la jefatura del NSDAP con los rusos ya en Berlín, ni en el 43% de paniaguados de la nomenklatura, cuando no directamente rojos, que la han votado.

El chaval me gusta bastante, digo, pero ya le he oído dos frases que me preocupan, y lleva cuatro días en el sillón. Una es que “mi secretaria general será una mujer”, como si diese igual cual o con qué méritos, como si se estuviese disculpando por haberse enfrentado a otra mujer e hiciera falta pagar el tributo debido a la corrección política a costa de la pagana de siempre, la Libertad. Pero no me voy a extender con esto, no quiero predicar al converso.

En lo que sí me extenderé es en ese matrimonio al parecer inseparable que en la dialéctica Casadista, nuevo Golpe de Casado contra otro partido dictatorial, toma Memoria Hist(é)órica, parece haberse establecido entre España y la Libertad, que se me antoja una versión del “Patriotismo Constitucional” aznariano, eso sí, más elegante, porque que Chemari nunca nos explicó cómo la fuente de lealtad a una nación milenaria podía ser una constitución de 25 años.

Pero afortunadamente bautizado o no, el engendro, si no exactamente el término, creó escuela incluso entre sus adversarios, bien lo usen abierta y consistentemente, como Albert Rivera, o con la boca pequeña y según en qué regiones, como Pedro Sánchez. Ninguno ha intentado siquiera desarrollar y concretar el concepto, me temo que para poder mantener la flexibilidad de moldearlo a cada audiencia, pero en lo que sí parecen estar todos de acuerdo es en que, sean las que sean las razones por las que hay que estar orgulloso de ser español, todas toditas datan de 1978 en adelante, no antes, y que de lo de antes, cuanto menos hablemos, mejor. Para facilitar la exposición, voy a denominar esta defensa de todo lo que es y está consiguiendo España desde 1978, aparejada al olvido de lo anterior, como “España y Libertad”, lo llame cada uno como lo llame.

Defensa de la idea de España, digo. Cuando uno se prepara para la defensa es porque alguien te ataca, y es evidente que los atacantes de la idea de España son fundamentalmente dos grupos, los separatistas y la extrema izquierda, o la izquierda extrema, porque en España no parece que tengamos de otra. Es alrededor de esta doble amenaza que voy a estructurar mi exposición: hoy hablaremos de lo útil o inútil del “España y Libertad” como concepto frente al separatismo, y en la próxima entrega de lo mismito pero ante la, en el mejor de los casos, a-españolidad de nuestra izquierda.

Por supuesto, soy consciente de que esta línea mía es artificial cual frontera africana, no solo porque el éxito o fracaso del “España y Libertad” repercutirá por igual en secesionistas y comunistas, sino también porque la propia línea que separa a partidos que llevan el vocablo “nacionalista” en sus siglas de otros que se autodenominan “partidos de clase” o “apátridas” es harto difusa cuando se trata de atacar a España. 

Aun con las antedichas salvedades, pienso que la naturaleza de los ataques que separatistas y marxistas realizan contra la idea de España es diferente, que exigen respuestas diferentes, y que también plantean problemas diferentes, y por ello prefiero separar los temas. Empezaremos, como suelo tener por costumbre, con la amenaza que considero más fácil de derrotar y menos peligrosa, el separatismo.

Sí, el separatismo. Por supuesto que es el peligro más visible e inmediato, pero es el menor. A todos, y a mí el primero, nos gusta repetir aquello de que “más vale una España roja que una España rota”, pero estamos confundiendo causas con consecuencias. Lo único que permite a cuatro pueblerinos incompetentes y cobardes poner en jaque a un Estado grande, centenario y próspero como el español es que este se ve constantemente socavado por nuestra izquierda traidora, siempre dispuesta a gritar “fascista” a cualquiera que pretenda hacer cumplir la ley, pero nunca a los que señalan a los niños en los recreos por hablar español. La “España Rota” no hubiera pasado jamás de ser un onirismo de cuatro locos si estos cuatro locos no se hubieran encontrado enfrente una España en buena parte roja. Si hoy España no está rota es gracias a la parte de ella que no es roja, encabezada por la llamada “España de los balcones” y personificada en Su Majestad Felipe VI, que si por los rojos hubiera sido ya estaríamos como Yugoslavia. Los nacionalistas corsos o bretones no son menos cejijuntos y extremistas que los catalanes, y, por cierto, tienen muchísimas más bases culturales e históricas que estos, pero, ¿Alguien oye hablar de ellos? No, nadie, porque enfrente tienen un estado como el francés y, sobre todo, una izquierda que, por lo demás, es todavía más intransigente y alborotadora que la nuestra en todo lo referente a asuntos sociales, pero que tiene muy clarito que La France no se toca. Al lío, pues, “España y Libertad” y los separatistas.

Es de justicia empezar reconociéndole su primera y más importante victoria al “España y Libertad”, esto es, la derrota parcial del separatismo pre-Golpe, el separatismo de las pretendidas somriures, los “Súmate”, las subvenciones a los Rufianes y rufianes, en definitiva, el intento de seducir a los charnegos con su imaginaria y paradisiaca Ítaca catalana. Los separatistas creyeron, engañados ellos mismos por la maraña unívoca de TV3, escola catalana y Apartheid electoral contra la Cataluña urbana que crearon para confundir a otros, que realmente eran un sol poble, y que podrían conseguir su secesión fácil y pacíficamente, al estilo báltico, aupados en una inapelable mayoría. Pero no, la Cataluña charnega, y buena parte de la Cataluña de pura cepa pero urbana, moderna y productiva, se rebeló contra el golpe y se manifestó en un mar de banderas españolas en la propia pretendida capital dels Paisos, en una gran victoria del “España y Libertad” todavía más valiosa en cuanto que no tuvo un gobierno autonómico ni un torrente de subvenciones detrás, como sus oponentes, sino que tuvo que reproducirse y manifestarse individualmente, en un ambiente hostil, y ante unos medios que les criticaban, un gobierno autonómico que les perseguía, un Gobierno Central que les ignoraba, y unos políticos que solo se sumaron ex post facto, pasajeros y no caballos del carro del “España y Libertad”.

El secesionismo post-Golpe ha renunciado a los corazones y las mentes de los catalanes y se ha refugiado en el más puro y duro discurso medievo-racista para consumo y mayor radicalización de sus fieles de siempre, y esa es la mayor victoria del “España y Libertad”. Perdidos los charnegos, la secesión de Cataluña es imposible ahora y lo será todavía más después, cuando los únicos que se reproduzcan sean los moros y sudamericanos a quienes 1714 y La Moreneta se la refanfinfla, porque lo único que quieren es que no les quiten ese visado Schengen que solo el Reino de España, y no la República Catalana, puede darles. 

El problema del “España y Libertad” es que la siguiente batalla no se va a librar ni en nuestra Barcelona ni en su “Tractoria”, esa Catalunya Vella de siempre, que fue carlista y trabucaire antes de ser republicana, sino en Bruselas, en Nueva York, en la CNN y en Youtube. El único plan medianamente serio que ha tenido nunca el secesionismo catalán, desde que en 1641 proclamaron a Luis XIV como Conde de Barcelona acusando de todas las iniquidades del mundo al Conde Duque porque pretendió que pagaran los mismos impuestos que Castilla, hasta sus lacrimógenos y falsarios videos de “Help Catalonia” de hoy, pasando por otros brillantes episodios como la campaña antiespañola que desencadenaron en Utrecht, Rastatt y Viena en 1713-14. Aun en 1936, cuando solo se enfrentaban a media España y tenían de aliada a la otra media, prefirieron organizar aguerridos desfiles en Barcelona para beneficio de Hemingway, Orwell y el resto de prensa extranjera que ir a luchar. Siguiendo su inveterada tradición, les pareció más importante dar lástima en Londres y Nueva York que quitarles la Sierra de Alcubierre a los cuatro falangistas que la defendieron hasta finales de 1937, entrar en Huesca y Zaragoza y ganar la guerra. Y lo peor es que probablemente tuvieran razón, porque nadie hoy se acuerda de Belchite pero muchos han leído Homage to Catalonia. En fin.

No van a conseguir la secesión, digo, porque a lo más que se atrevería la UE, la ONU o la NBA es a exigirnos un referéndum que después perdería el secesionismo, pero, hasta que nadie tenga las narices de cambiar la Ley Electoral Catalana, pueden seguir presentándose ante el mundo como “Cataluña”, y abocarnos a la destrucción del prestigio de España en el extranjero, la paralización de nuestra acción exterior, la detención de las inversiones extranjeras, la inestabilidad permanente y el disparo en el gasto público para tenerles medio contentos, entre otras lindezas. El secesionismo barretinado jamás convertirá España en una nueva Yugoslavia, pero sí que es capaz, de hecho ya va camino, de convertirnos en Grecia, y me reconocerán que tampoco es un panorama especialmente halagüeño. Es en esa batalla por la opinión mundial donde el “España y Libertad” es penosamente insuficiente y hasta contraproducente. 

Es insuficiente porque el secesionismo sueña con la Edad Media, o más bien con su versión de la Edad Media, pero, para nuestra desgracia, es consciente de que vive en un Siglo XXI postmoderno y relativista en el que no puede ponerse a insultar a los españoles o quejarse de que nos subvencionan porque eso ya no queda bien. Si los secesionistas fueran por el mundo con esas campañas de “apadrina un niño extremeño” que tanto producen para consumo interno, o presentándonos como un pueblo de siesta y pandereta, no les duraría la fiesta ni dos telediarios, y lo saben. ¡Si hasta la chica de portada del Racist Illustrated (non-Basque edition), el flamante President Torra, va por ahí pescando negritos en el Mediterráneo para lavarse un poco la imagen!

Que ya no pueden, decíamos, regodearse en su imaginada superioridad, al menos no de cara al extranjero. ¿Entonces qué? Muy fácil, entonces no se insulta a España, entonces se la niega. No se trata de que los catalanes seamos mejores que los españoles, sino de que los españoles no existen, mientras que los catalanes somos un pueblo milenario, creado por Deu antes de desayunar el Séptimo Día. España no existe, España no es más que un engendro artificial sin cultura o Historia común, solo unido por la fuerza “castellana” de antaño y hogaño. Por no reconocérsenos, no se nos permite ni tener nombre, porque nunca es “España”, sino “Estado Español”, que según la gramática progre-separatista pueden existir gentilicios sin patronímico de origen. Pero supongo que el asesinato de la Lengua de Cervantes cuenta con el beneplácito del propio, catalán como todo el mundo (subvencionado) sabe, al igual que Colón, Santa Teresa, y todo español que alguna vez haya hecho algo decente. Así, la Bandera Nacional es la “bandera de Franco”, que además de contemporáneo era general y cuadra perfectamente con su relato victimista, Madrid es la “capital de Franco”, el Rey es “el que puso Franco”, y así todo, o casi todo, que la SEAT nunca es “la de Franco”, ¡Qué casualidad!, sino producto de la innata laboriosidad del catalán, por supuesto, y esa “E” es de Esquerra, faltaría mes

Y, ¿Qué enfrentamos a ese discurso de Juego de Tronos, cuando no directamente, en el caso de los vascos, del Señor de Los Anillos? ¿Una bandera más que bicentenaria, una capital que ya lo era en el Siglo XVI, una dinastía descendientedirecta, aunque no siempre por vía legítima, de Don Pelayo, o una Hispania ya reconocida como unidad nacional y cultural por San Isidoro de Sevilla? Ca, con una España más joven que yo, nacida en 1978, porque lo de antes, como decíamos, es como la bisha, mejor ni mentarla.

Con un poco de coraje podríamos enterrarles en Historia, nuestra Historia, y no estoy hablando tanto de relatar nuestras glorias, porque pretender nuestra superioridad también sería hacerles el juego reconociendo que son algo diferente, sino haciéndoles ver que han sido partícipes, pero también beneficiarios, de esas glorias, y que sus supuestos logros centenarios no son más que la porción de los logros comunes que han cortado y distorsionado ventajosamente para hacer que parezcan suyos. Aunque El PNV saque de la cárcel y homenajee a Josu Ternera, los que tienen estatuas repartidas por todos los confines del mundo no son los etarras, son Núñez de Balboa, Legazpi o Blas de Lezo, y los libros que llenan las bibliotecas universitarias de medio mundo son los de Unamuno, Baroja y Juaristi, no los de ningún juntaletras eusquérico subvencionado. Aunque lo niegue ahora la horda paniaguada de la Generalitat y mandaran a sus cachorros a quemar la Santa María que había en el puerto de Barcelona, los Reyes Católicos recibieron a Colón en Barcelona; su querido imperio mediterráneo, que todavía denominan como Paisos Catalans, y es que el imperialisme es malo solo cuando no lo practicamos nosotros, se lo ganó la sangre de los aragoneses, lo tuvo que defender El Gran Capitán, de nombre Gonzalo de Palamós, digo de Córdoba, y su querida industria, de la que tanto se vanaglorian y en la que en tan gran medida basan su autoestima, debe su existencia a los aranceles impuestos por Madrid y que la protegieron de la competencia europea, de la esclavitud que Madrid abolió más tarde que en ningún sitio y que permitió que Cuba siguiera produciendo azúcar más barata que la inglesa o francesa, y, más recientemente, al ejército de castellanos, gallegos, navarros y aragoneses al mando de un soriano que les sacó de encima a los comunistas en 1939.

Sin España, Cataluña y Las Vascongadas no serían nada, en todo caso los dos departamentos más periféricos y pobres de Francia, si es que París les hubiera dejado ser departamento. Todos los logros pretéritos en los que basan su relato fueron conseguidos como parte de España o de un reino español, y la prosperidad relativa en la que hoy fundamentan sus ansias de secesión se debe primero a las oportunidades que el Imperio les dio y después al mercado cautivo que Madrid creó para ellos a costa del resto de España. Pero nada de todo esto pasó de 1978 hasta hoy, claro, en 1978 Cataluña y Las Vascongadas aparecieron más ricas y avanzadas que el resto de España como por arte de magia, y, sin explicaciones disponibles, o más bien permitidas, las patrañas secesionistas no encuentran respuesta posible.

Poco a poco, pero perceptiblemente, la opinión pública extranjera, está empezando a equiparar mentalmente a la nación más antigua de Europa, si no con Yugoslavia, sí por lo menos con el Imperio Austro-Húngaro, una colección artificial de naciones unidas por una dinastía y un ejército, que puede tener un pasado más o menos largo y glorioso pero que no tiene bases sólidas y que debería, por tanto, desaparecer, y absolutamente nada que les contemos sobre la Santa Transición, la democracia, la prosperidad económica o el que alguien haya decretado que nuestra nueva Miss España tenga que ser un tío porque somos superguays va cambiar esa percepción. En Europa han aparecido muchos países nuevos desde la Caída del Muro de Berlín, y si Eslovenia o Estonia, por citar a dos de los más prósperos, se han dado buena vida después de la liberación de sus respectivos Imperios Malignos, ¿Por qué no podría Cataluña? Al fin y al cabo, Yugoslavia era de 1919 y la URSS, en su versión báltica, de 1945, ¿Por qué no se puede cuartear un engendro con menos años que la mayoría de los diputados que hay en Estrasburgo, y por qué les iba a ir mal a las nuevas republiquetas nacidas de su descuartizamiento?

No, el “España y Libertad” puede funcionar en Cataluña, donde la gente experimenta en sus carnes, cada día, la llibertat que ofrece Ítaca, pero en el extranjero no convence, en parte por la predilección innata que todo el mundo tiene por el pequeño frente al grande, en otra parte por la imagen de sofisticación que Barcelona ha sabido transmitir en muchísima mayor medida que Madrid, pero sobre todo, porque nadie se cree que un estado moderno pueda ser tan sumamente cobarde que permita el atropello diario de su gente, su idioma y sus intereses sin hacer nada, y todas las historias de niños amenazados por sus profesores por hablar español les suenan a propaganda “españolista”.

No podemos venderle al mundo un blandengue relato constitucionalista color ala de mosca como identidad definitoria de España porque, hoy en día, lo mismo hay libertad en Lituania que en Uruguay que en Singapur, y tanto daría que en Europa haya 50 países que 53. Si queremos que el mundo aprecie las patrañas secesionistas como lo que son, tenemos que convencerle del glorioso legado que España le ha dado, y de que Cataluña y Las Vascongadas han sido tanto actores principales como beneficiarios últimos del mismo. Pero antes de convencer a nadie de nada, primero te lo tienes que creer tú, y a eso iremos en la próxima entrega. 

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[ retaso ] ha dicho:
01-08-2018

ALMP, brillante; como siempre -se habrá quedado a gusto después de soltar todo lo que ha soltado, ja, ja.

 

Por mi parte, unas precisiones.

"Lo único que permite a cuatro pueblerinos incompetentes y cobardes poner en jaque a un Estado grande, centenario y próspero como el español es que este se ve constantemente socavado por nuestra izquierda traidora."

Creo que conviene diferenciar entre lo referente a las ideas y lo referente a la política. Es la idea de España lo que se ve permanentemente socavado por la izmierda. Eso afecta a la política, pero ahí el factor fundamental está en la importancia de los votos nacionalistas para asegurar la gobernación. Indirectamente, tiene que ver con la existencia de las Autonomías -sin Autonomías, los partidos nacionalistas, o no habrían nacido, o, en el caso de los más vetustos (como el PNV) se habrían vuelto intrascedentes, cuando no extinguidos.

Por eso, aunque la idea de España siempre ha sido socavada por la izmierda, la defensa del Estado se ha visto socavada por igual cualquiera que fuera el partido gobernante en Moncloa.

En el caso de Marrano, su idea de España es que es algo a extinguirse por completo -más incluso que para la izmierda- a fin de que no suponer una traba en el camino hacia la desaparición misma del Estado español, cuando la España geográfica pase a ser sólo una región del Estado único de la Unión Europea, capital Bruselas. Y con su pensamiento hay muchos en el PP. Para esos peperos, los de "la economía lo es todo", lo único a defender es "la marca España", que sería algo así como una "denominación de origen", i res més.

 

Más aún, aunque generalmente no podamos esperar nada de la izmierda en cuanto a la defensa de la idea de España, sí podemos esperar de ella, en determinados momentos y circunstancias, una mayor defensa del Estado.

Sucede que para la izmierda el poder lo es todo. Siempre usarán las ideas como medio, como droga mental con la que alienar las mentes de los pardillos que les aúpan al poder, pero lo que quieren es éste: el poder. Y por el poder, hoy dirán y harán una cosa, y mañana la contraria. Todo según convenga y/o sean capaces.

A la izmierda no le conviene que España se desmembre. Son absolutistas totalitarios -y aquí el "totalitarios" califica al "absolutistas". O sea, ante todo, han de tener el poder absoluto, o el más absoluto posible (en el 36 aspiraban al absoluto; a día de hoy, se conforman con menos, porque nuestra situación en el mundo no permite mayores alegrías, al menos de momento). ¿Qué interés pueden tener absolutistas como Pedremos y Pablemos en que España se desmembre, y ellos sólo puedan aspirar a ser presidentes de las migajas? Ninguno. Ideológicamente desprecian España, pero en praxis política, la defenderán a muerte, porque es la que les da de comer, de robar, y de poder. Pactarán con el diablo para llegar al poder, pero a la primera que puedan recuperarán su alma, y le dirán "gracias por tu ayuda, pero ya no te necesito, adiós muy buenas".

Y si alguien duda de que la izmierda defenderá mejor el Estado que los tecnócratas marraniles, le ruego se fije en que ese AModoDeDeclaraciónDeIndependencia de los tíos de las garrotas que padecimos el otoño pasado tuvo lugar mandando Marrano, y no antes. La cosa llega hasta el punto de que PierreNoDoyUna apoyó el 155 de Rajoy, cuando la historia nos dice que el P$O€ es incapaz de apoyar absolutamente nada del PP (excepción hecha de cuando se sumaron al pacto antiterrorista para poder salir en la foto de la vencedores -luego, cuando Zp llegó al poder, hizo añicos el pacto).

La izmierda es prágmática, y dará un paso atrás cuando sea preciso, siempre para asegurarse de poder dar luego dos pasos adelante. Aunque siempre apoyarán al nacionalismo en su acoso y derribo a la idea de España, se guardarán muy mucho de permitir que eso acabe por romperles su juguete favorito, el Estado español. No cederán ni un ápice de poder si pueden evitarlo. Y si tienen que ceder algo, porque las circunstancias obligan, apuntarán en su agenda que habran de recuperarlo a la mayor brevedad posible. En eso Zp se diferenciaba del resto de socialistas. Él sí era un loco ideológico, capaz de echarlo todo por la borda. Pero ahí estuvo Rubalcaba para moderar su demencia, y no cagarla tanto como al ZoPenco le habría gustado.

Que si el progre no dice "España" sino "Estado español", el tecnócrata dice "marca España". Y entre la "marca" y el "Estado", me quedo con el Estado, que al menos nos garantiza la pervivencia de una comunidad que, eventualmente, teóricamente, (y en mi opinión, por desgracia, utópicamente), podría volver a sentirse España.

[ NickAdams ] ha dicho:
01-08-2018

Voy a intentar ser breve. Casado es un opción mejor que la de Soraya, por supuesto, pero es Pablo PP no es fiable. Y no es fiable por muchas cosas, pero la más notable es que mientras pudo mangar del traidor PP Maniano, lo hizo, y, muy bien. 

Ahora, antes de la victoria y aún más tras ella, está copiando, literalmente, el programa de VOX porque sabe muy bien que la gente de centro-derecha, hastiada de tantas traiciones de un PP de mierda, ha depositado en ellos su última esperanza. 

Habla muy bien Casado, tiene buena pinta, pero no tiene un pedigree político que haga que pueda fiarme de él. Ya ha vuelto a recolocar a medio equipo sorayesco cuando lo que tocaba es darle una contundente y definitiva patada en el culo.

Lo peor es que mucho pepero tibio volverá a comprar la misma mercancía averiada que, ahora, tiene una cara más joven y menos aburrida de la de Marirrana la Traidora.

Por cierto, ¡qué facil debe ser registrador de la propiedad cuándo ya Marirrana ha conseguido plaza en Madrid! 

¡Al carajo el PP al que tantas veces he votado! ¡Arriba España! ¡Arriba VOX!