[ LUCES DE CHAMARTÍN ]

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NO NOS VALE NADA, IV

Les dejé con una España ciertamente atrasada con respecto a Occidente, pero progresando a marchas forzadas, con una posición internacional medianamente respetable, haciéndose incluso frente a la voraz y pujante Germania en Las Carolinas mediante el Protocolo de Madrid de 1885, con las sublevaciones de Cuba y Filipinas en vías de extinción, y con un grado notable de paz social. 

Del 98 a 1975

Parecía que, por fin, el dúo Cánovas-Sagasta nos iba a poder vender el “Orden, Patria y Progreso” con cierto éxito, siendo el separatismo inexistente y los movimientos obreros muy minoritarios, pero no pudo ser, una vez más por factores externos, esta vez primero el Bacilo de Koch, que se nos llevó a nuestro joven, popular y competente rey en 1885, privándonos de una figura de prestigio que podría haber presidido nuestros destinos hasta 1920 o 1930, después con el anarquista que asesinó a Cánovas en 1897, y para acabar, por supuestísimo, con McKinley y Hearst en el 98, que nos fabricaron una guerra que no buscamos, culpables de tener algo que codiciaban y de no tener más muchos acorazados.

Lo que verdaderamente pienso del 98 y de la caterva de plañideras que hemos glorificado como “Generación del 98” lo dejo para otro día, pero por ahora, quédense con que, en mi opinión, la percepción del Desastre fue infinitamente mayor que la realidad de las causas, y, sobre todo, las consecuencias del mismo. No es cierto que España sufriera un golpe físico del que le costó levantarse, el golpe fue, casi exclusivamente, moral. Países con ocho veces la población de España, como Alemania, apenas tenían colonias; Italia, con el doble, tenía cuatro palmos de desierto en Somalia, y esos sí que sufrieron una vergüenza en Adwa en 1896, que nosotros por lo menos perdimos honrosamente con la entonces segunda potencia mundial, pero a los italianos los pusieron a correr un puñado de etíopes con lanzas, eso sí que era para siete “Generaciones del 98”; hasta Francia, con sus enormes extensiones de arena y selva africana, que quedaban estupendamente en los mapamundis, pero que producir producían poco, se desarrolló mayormente gracias a la metrópoli.

Pero en España decidimos, y sobre todo decidieron los partidos que componían el Régimen de la Restauración, que sin colonias no teníamos futuro y que éramos un fracaso como nación. Mal que bien, la mejor opción, con mucho, seguía siendo el “Orden, Patria y progreso”, y en esas deberíamos haber seguido, ampliando progresivamente el sufragio hasta hacerlo universal, y beneficiándonos de nuestra periferia geográfica, que nos permitía no gastarnos un 15 o 20% en Defensa, como hacían nuestros vecinos, muchos de ellos, bien es cierto, por voluntad propia, pero otros, como Bélgica por ejemplo, obligados porque estaban en medio.

Decía Aristóteles que en el término medio está la virtud, pero yo soy mucho más de Maquiavelo, y en “El Príncipe”, el florentino, con minúscula, nos explica que, a un enemigo, o le metes tal porrazo que no se vuelva a levantar jamás, o te muestras generoso con él para ganártelo, porque si le das un porrazo pequeño lo único que harás será darle motivos para odiarte pero sin quitarle su capacidad de hacerte daño. Y eso es exactamente lo que hizo el Régimen de la Restauración, desde Sagasta en 1898 hasta Primo de Rivera en 1929, ni moldear y adoctrinar inmisericordemente al pueblo, pero tampoco ganárselo a la participación democrática en el sistema por las buenas. Nuestra derecha, todavía sonada por el golpe del 98, no creía en sí misma, de modo que, como el mal príncipe de Maquiavelo, ni salió a venderse convencida del mayor atractivo de su producto, como haría una derecha liberal, pero tampoco impuso su agenda educativa e ideológica con una mezcla de maestros de escuela y gendarmes, como hicieron la III República francesa, y, especialmente, el II Reich alemán y los Saboya en Italia, creando alemanes e italianos donde nunca los había habido. Justito el proceso inverso de la España de las Autonomías, para que nos entendamos.

No creo que faltase capacidad personal, que próceres como Sagasta, Maura, Canalejas o Dato eran sobradamente capaces, ni valor, que hacía falta mucho para aceptar ser Presidente del Gobierno cuando los anarquistas los estaban matando tan rápido como los nombraban, y de hecho Canalejas y Dato, como Cánovas, cayeron asesinados. Tampoco creo que faltase patriotismo, visión de Estado a largo plazo o ambición. Si algo denotan, por ejemplo, los planes Maura y Ferrándiz para la Armada, muy poco después del Desastre, es ambición, y la aceptación del Protectorado en 1912 lo mismo. Personalmente, pienso que deberíamos haber rechazado el caramelo envenenado que nos endosaron los gabachos, unas montañas imposibles que jamás han tenido superávit en nada que no sea hachís y moros cabreados, pero, aun con todo, aun con palo cubano-filipino, España seguía queriendo proyectarse en el mundo y se negaba a aceptar el papel terciario que se nos quería asignar. No, lo que faltó es confianza en el atractivo de su mensaje, o confianza en que el pueblo lo entendiese, que en el fondo es lo mismo. Nuestros liberales y conservadores, que para 1910 o así ya era imposible distinguirlos, renunciaron a una verdadera democracia, confiando en que una combinación de pucherazo electoral, caciquismo rural, y Guardia Civil mantuviera calladas a las masas, pero, como hemos dicho, también renunció a utilizar su poder para adoctrinarlas.

Este miedo alcanzó su máxima expresión cuando Alfonso XIII se entregó a Primo de Rivera, quien quizás a corto plazo solucionara el lío de Marruecos y nos industrializara a marchas forzadas, aunque esto último probablemente hubiera sucedido igual en los “Felices 20”, como estaba sucediendo en todo el mundo, pero significó la pérdida de una magnífica oportunidad. Oportunidad, digo, o de aplastar al PSOE y la CNT hasta el punto de comprarnos otros 10 o 15 añitos de tranquilidad, como hicieron Salazar, Dollfuss, Horthy o Pilsudski , o de, en el otro extremo, permitir elecciones libres e intentar ayudar por lo menos al PSOE, que los anarquistas eran irrecuperables, en su camino hacia la socialdemocracia, como habían hecho todos sus correligionarios europeos. Porque sí, damas y caballeros, ahora nos quejamos mucho de lo “revolucionario” del PSOE como si fuera una inevitabilidad histórica, pero lo cierto es que, a la muerte del maligno Pablo Iglesias en 1925, se desató en el PSOE una pugna por el poder entre los revolucionarios de Largo Caballero y los socialdemócratas de Julián Besteiro, que estos últimos a punto estuvieron de ganar. Que yo conozca, no hay nadie desde la derecha, ni entre políticos ni entre los historiadores, -desde el socialismo los hay, Tusell por ejemplo- que se haya preguntado nunca qué podría haber sido del PSOE, y con el PSOE de España, si en 1925 no hubiéramos tenido una dictadura militar que diera argumentos a los que no veían otra salida más que la revolucionaria. Es muy fácil y muy cómodo decir, como hace mi por otra parte admiradísimo Stanley Payne, que tenemos la izquierda más sectaria de Europa, pero, si no le dejas otra alternativa a ciertas corrientes políticas más que tomar el poder violentamente, ¿Por qué te sorprendes luego si estas corrientes se niegan a abandonar la violencia?

Y así nos plantamos en el ahora vendido como paradisiaco 1931-1936, donde no me voy a extender mucho porque esto va de los males de la derecha, no de los atropellos de la izquierda, y en este quinquenio hubo infinitamente más de lo segundo que de lo primero. Aun así, hubo oportunidades, sobre todo en 1933, cuando la CEDA ganó las elecciones pero permitió que gobernara un corrupto e inoperante Partido Radical, por miedo a lo que las izquierdas pudieran pensar de ellos, también esa frasecita me suena mucho a los pasillos de Génova 13 hoy. La CEDA debería haber formado gobierno, como le correspondía por ley y por derecho, y si a la izquierda no le gustaba, para eso están la Guardia Civil y los tribunales. Pero no, convencidos de que su victoria había sido por casualidad e inmerecida, y decididos a ser de derechas pero despacito, tan de moda que está ahora, se dieron muestras de debilidad extrema hasta que la izquierda se envalentonó, y al final, por no haber sacado a la Guardia Civil a la calle en 1933, hubo que sacar a La Legión y a los Regulares en 1934. Todavía, al socaire de 1934, la CEDA, amparada por la ley, debería haber encarcelado a la plana mayor del PSOE, el PCE y la CNT, cuando no haberlos fusilado por sedición, pero salieron todos, o de rositas o con dos semanitas en un calabozo, y así podemos tener a un Largo Caballero quien, con la petulancia que otorga la consciencia de la propia impunidad, podía decir en un mitin en Febrero de 1936 en el desaparecido Frontón de Recoletos, y hay grabación de ello para los adalides de la “Memoria Histórica”, que en las elecciones lo único que se dirimía es si el PSOE iba a tomar el poder por las buenas o por las malas, porque si perdían las elecciones lo iban a tomar igual. Aquí está el bicho que quizás podríamos haber domesticado o debilitado -decir “destruido” es una falacia, ni Hitler destruyó definitivamente a la izquierda alemana- entre 1898 y 1917, o entre 1923 y 1929, pero como no hicimos ni lo uno ni lo otro, aquí está, enfurecido pero más fuerte que nunca, directo a nuestro cuello.

Y ya está cautivo y desarmado el ejército rojo, y ya tiene un general gallego bajito una concentración de poder y prestigio como no había tenido nadie sobre España desde Carlos III como poco. Y, ¿Qué hizo Franco con este poder, durante 39 añitos nada menos? Mucho, hizo mucho, no me he convertido al antifranquismo, pero como hoy va de nuestros fallos, voy a tener que ser muy injusto y afearle la asignatura que suspendió en vez de aplaudirle las que sacó con matrícula, que son casi todas. Y, ¿Qué asignatura suspendió Franco?

La de siempre, la de la cobardía ideológica, que llamarla “moral” me parece inexacto, la derecha española, desde Calvo Sotelo hasta Miguel Angel Blanco, no ha sido nunca cobarde; la del quedarse a medio camino entre la libertad y el autoritarismo, entre el contentar a la gente y el acobardarla; la de Cánovas, la de Maura, la de Primo, y la de Gil-Robles, con el agravante de que con mayores responsabilidades vienen mayores exigencias, y si a Gil-Robles se le puede perdonar casi todo porque se enfrentó a una situación imposible, a Franco, con cuarenta años de poder y con una Guerra Civil que le dio el prestigio y el pretexto para hacer lo que le diera la gana, no se le puede perdonar casi nada. 

Los famosos “nacionales” no tuvieron nunca una ideología definida, estando siempre más unidos por lo que no querían, esto es, acabar todos como Calvo Sotelo, que por lo que sí querían, y menos mal que el rojerío nos hizo la merced propagandística de renunciar a la idea de España, porque si no, nos tendríamos que haber puesto de bandera un collar de Carmen Polo. Franco, por supuesto, estaba encantadísimo con esta indefinición, y buena parte de su acción de gobierno durante sus primeros años, antes incluso de terminar la Guerra, estuvo encaminada a mantenerla, desde la decapitación de Falange en 1937 a la creación del amorfo “Movimiento”, que mezclaba furibundos anticlericales -que no ateos, eso es otra cosa- como Agustín de Foxá con el preconciliar carlismo, del Concilio III de Letrán, 1179, se entiende, donde se estableció la separación entre el Sacro Imperio Romano y la Iglesia, y que la Comunión nunca llegó a asimilar.

Y, lo mismo que los nacionales nacieron contra algo, más que en favor de nada, el Régimen que la Victoria alumbró también se dedicó a erradicar, y tampoco con demasiado ahínco, ciertas ideas que le parecían perniciosas más que a propagar unas nuevas. El Régimen de Franco nunca fue, ni aspiró a ser, totalitario, y por tanto nunca pretendió que los cuarenta años de franquismo alumbraran un “hombre nuevo” al estilo fascista o comunista. No, para Franco, quien aconsejó a Sabino Alonso, director del Arriba, “Usted haga como yo y no se meta en política”, atentos a la jugada, a Franco no le gustaba que el periódico de Falange hablase de política, el español ideal del futuro no era un fanático activista, sino un currante que paga impuestos y no se mete en líos. 

Así, con el mismo miedo a, o desprecio por, la inteligencia de la gente, Franco impidió siempre una participación más amplia en la vida pública. Por supuesto, no estoy hablando de elecciones universales y libres el 2 de Abril de 1939, había habido demasiada sangre para eso, y tampoco era probablemente lo que necesitaba España, pero gobernó 36 años, que dan para mucho. ¿Es que, en los 50 o 60, no se podrían haber hecho experimentos con una franquicia limitada, o elecciones para ciertas administraciones y otras no, o simplemente, como hizo la supuestamente democrática II República, o como pretendía Zapatero, promulgar una constitución sesgada que permita gobernar a quien le dé la gana, pero no como le dé la gana?

Pero, si no se fiaba del criterio de la gente, tampoco hizo Franco nada por imponer ninguna ideología ni en la vida pública ni en los colegios, por mucho que ahora muchos vayan de supervivientes de Auschwitz por la vida porque les hayan cantado las alabanzas de Isabel y Fernando y les hayan enseñado geografía de toda España. Los que no se acuerden, o acordemos, de aquello, que vean un NODO: ¿Qué nos vende Franco? 25 Años de Paz, un pantano, el 600, el gol de Marcelino, las Copas de Europa del Madrid, el SOFICO en la playa, hasta que SOFICO petó, y otro pantano, pero nada comparable con los lavados de cerebro comunistas, por ejemplo, que pretendían meterse hasta en lo que comía la gente y cómo se relacionaba con su familia. Sí, había mucha censura, lo que ustedes quieran, pero la censura es una actividad, por definición, negativa, destinada a evitar ciertos mensajes, no a propagar ninguno, para eso hace falta producir películas. ¿Y qué películas producíamos, a docenas por cierto? Antonio Molina, Marisol, Joselito, Paco Martínez Soria y, más tarde, Alfredo Landa y Pajares y Esteso. Pásatelo bien, no te metas en líos, lígate alguna sueca si puedes, y verás que bien te va la vida. Lo más ideológicamente significativo solía ser un cura accesorio a la historia que siempre era muy buena gente, pero de ahí no pasaba. Me lo comparen con las pelis de Leni Riefenstahl o Sergei Eisenstein, y me cuentan.

Así, cuando Arias Navarro salió a contarnos que al final el Marqués de Villaverde accedió a desenchufar las máquinas conectadas contra su voluntad a Franco, no teníamos una población especialmente adoctrinada, sino más bien indiferente y adocenada. Con lo que dan de sí cuarenta años, ¿Verdad, Pujol?

COMENTARIOS [0]
[ ZAPEZIPI ] ha dicho:
21-08-2017

Insisto.

La policía catalana parece supeditar su principal obligación a lo que convenga al prusés (no me refiero a sus hombres de a pie). Su actuación antes del atentado, sobre todo en el chalé de la explosión, es bochornosa.

El Gobierno de España no puede hacer dejación de sus obligaciones cediendo la función de policía a quienes no son leales o no son competentes. Su responsabilidad “in vigilando” podría ser exigida.

Cada día que pasa resulta más evidente. La masacre se podría haber evitado si la prioridad de esa policía autonómica (de sus mandos) fuera sólo la que tiene que ser. 

 

 

[ ayer ] ha dicho:
20-08-2017

Ah, y bienvenido seas, Retablo Asoro retaso. Danos nuestro merecido y susúrranos al oído sobre el bien y el mal.

[ ayer ] ha dicho:
20-08-2017

Muchas gracias, ALMP.

Me ha encantado tu cuadro realista y exacto del franquismo, ese régimen apolítico.

[ ALMP ] ha dicho:
20-08-2017

Buenas tardes, ante todo saludaros a todos, y agradeceros la atención. Y ahora, una aclaración sobre el asunto del PSOE: donde digo "a la muerte del maligno Pablo Iglesias se desató en el PSOE...", con lo de "maligno" he despachado mi opinión del primer PSOE, siempre atento al conteo de palabras, pero no está de más una explicación: no quería decir que la Dictadura volvió revolucionario al PSOE; sino que supuso una oportunidad para que dejara de serlo. Del verdadero carácter del insigne Pablo Iglesias, con su calle en Madrid y me imagino que en muchos otros sitios, y quien amenazó a Maura con el "atentado personal" en plena sesión de unas Cortes, solo dudarán las generaciones venideras, lobotomizadas por el Gran Hermano socialista, pero aquí estamos todos de acuerdo.

Saludos otra vez, 

[ wh ] ha dicho:
20-08-2017
Citando a retaso :: No. 6 :: 20-08-2017

Buenas, buena gente. Me estreno como comentarista.

 

Por supuesto, enorme artículo de ALMP, como es de costumbre. Pero hay algo en lo que no coincidimos. No creo que el P$O€ se volviera revolucionario por culpa de la Dictadura...

Muy bienvenido retaso, me alegra poder leerte por aquí también pues mi nivel de coindiciencia con tus planteamientos, tanto en el fútbol como en el meta (copyright Ayer), es muy alto.

En mi comentario anterior, relacionado con el comentario de Pailán sobre la entrada, dejaba entrever que no en todo concordaba con ella y que lo dejaba pendiente hasta ver el final de la serie... pero te me has adelantado, este es uno de ellos. Totalmente de acuerdo, una vez más.

[ retaso ] ha dicho:
20-08-2017

Buenas, buena gente. Me estreno como comentarista.

 

Por supuesto, enorme artículo de ALMP, como es de costumbre. Pero hay algo en lo que no coincidimos. No creo que el P$O€ se volviera revolucionario por culpa de la Dictadura de Primo de Rivera; ya lo era. Marx no era de medias tintas, y el partido socialdemócrata alemán se crea bajo su sombra. Y aun así, porque Bebel era muy buena gente, y porque W. Liebknecht era muy cabezota, y dijo que no tenía que ser Partido Socialista sino Socialdemócrata, y que tenían que participar las mujeres con los mismos derechos (cosa que a los pioneros del socialismo no se les pasaba por la mente), nació como Partido Socialdemócrata Alemán (SPD). Tan socialdemócrata, que tuvo que inventarse el espartakismo porque a Carl Liebknecht y a Rosa de Luxemburgo no les pareció el SPD todo lo revolucionario que ellos hubieran querido.

En España, en cambio, tenemos a un Pablo Iglesias que ya en 1910 dijo en el Congreso de los Diputados "los socialistas respetaremos la legalidad cuando ésta nos convenga". La dictadura de Primo es de 1923.

Wilhelm Liebknecht y August Bebel fueron ambos encarcelados, y aun así no propugnaron la toma del poder por las buenas o por las malas. Pero Pablo Iglesias era un mal bicho, y el P$O€ nació ya con ínfulas.

[ Pailán ] ha dicho:
20-08-2017

 

Si alguna vez alguien del Arleti os suelta lo del presupuesto, recordadles el partido de ayer: Gerona 2 - Arleti - 2 (y pudo ser peor). Presupuesto del Gerona: 9 M€. Presupuesto del Arleti: 320 M€.

No tengo más preguntas.

[ wh ] ha dicho:
19-08-2017
Citando a Pailán :: No. 2 :: 19-08-2017

 

Atinado análisis el que nos trae ALMP una vez más, aunque en honor a la verdad, habría que añadir que es tan acertado como escaso, supongo que por razones de espacio. Echo de menos ciertos factores ...

Hay que reconocer, Pailán, que es muy difícil resumir una época tan compleja y sobre la que hay tanta información (y desinformación) como esta sobre la que está escribiendo ALMP. Sólo por intentar resumirlo y, además, mojarse, merece un aplauso. En mi caso, además, -y tengo que confesarlo- siempre me sale la veta de extranjero, de ese no implicado que mira desde fuera e, inevitablemente, veo las cosas de forma diferente, pero no es el momento de manifestar la discrepancia sino de agradecer el esfuerzo y apreciar la enorme calidad de la entrega. Ahora quedamos esperando por el cierre.

Sobre el tema actual, el de los asesinatos terroristas en Barcelona, creo que -para no extenderme- toca exigir menos "Todos somos Barcelona" y más "Vamos a muerte contra los asesinos y contra los que los financian y apoyan".  Y esto último, por supuesto, no es una petición a Rajoy, a Bruselas o a los demás presidentes europeos, llámense Macron o Merkel, es a todos los que estamos hartos de que estos no protejan eficazmente a sus ciudadanos, los que pagamos sus sueldos y , también, las ayudas sociales a muchos de los que vienen a matarnos.

[ ZAPEZIPI ] ha dicho:
19-08-2017

Siento introducir un exhabrupto en el excelente trabajo de ALMP. Pero me lo pide el cuerpo.

No tenemos miedo -gritaban- al modo de quienes gritan juntos precisamente para encubrir su impotencia ante quienes les tienen atemorizados. Pero los máximos responsables de España no están ahí para tener miedo sino para protegernos a quienes no tenemos con qué defendernos de lo que produce el miedo.

No dudo de su trabajo frente al enemigo claramente identificado, pero no hace falta tanta cortesía con quienes ignoraron deliberadamente recomendaciones de seguridad, rechazaron la colaboración de expertos, fueron incapaces de detectar pruebas decisivas de explosivos o al menos no informaron de ello a quienes legalmente debían… y todo ello porque su prioridad reconocida era demostrar al mundo la autosuficiencia policial de un nuevo país ante su irreversible “prusés”.

 

 

Hay quienes tienen prioridades. Hay miserables. ¡Qué vergüenza!

[ Pailán ] ha dicho:
19-08-2017

 

Atinado análisis el que nos trae ALMP una vez más, aunque en honor a la verdad, habría que añadir que es tan acertado como escaso, supongo que por razones de espacio. Echo de menos ciertos factores que aparecen indicados en la reseña del final del XIX y el llamado Desastre, pero que parecen ignorarse en el relato del siglo XX hasta la muerte del Caudillo: la injerencia (y, a veces, la no injerencia) de potencias extranjeras y la acción de organizaciones paraestatales, secretas y, en cualquier caso, espurias.

Efectivamente, la presión de la naciente y pujante Unión Soviética tuvo un papel determinante en el estallido y desarrollo de la Guerra Civil. No olvidemos que, en esos felices años 30, la Puerta de Alcalá aparecía adornada con las figuras de Lenin y Stalin, esos corderitos, mientras que en las manifas y mitines (sin tilde) de la época se gritaba ¡Viva Rusia! Por otra parte, el no-apoyo explícito de las llamadas potencias democráticas (Estados Unidos, Reino Unido, Francia y demás, que preferían a Franco como mal menor) durante y después de la guerra, más el magro apoyo de Alemania e Italia (la magra Legión Cóndor y unos "bravos" condottieri), que tuvo efectos políticos perniciosos, sumió a España en la autarquía hasta 1953, cuando USA vio el destacado papel geopolítico que podía jugar España en la Guerra Fría. Gran admirador de Franco (no lo olvidemos), Eisenhower visitó España en 1959 para certificar la "nueva" amistado hispano-norteamericana y Franco, que, como buen noventayochista, llevaba clavada la espina de Cuba en el corazón, hizo valer el posibilismo berlanguiano de Mr. Marshall y nos convirtió en la octava potencia industrial del mundo (¿alguien se acuerda?).

Por otra parte, desde hace décadas, si no siglos, la Masonería trata de convertir a la católica España, como nos llamaba Karol Wojtyla, en una amalgama de movimientos cívico-pacifistas que olviden cuáles son las verdaderas raíces de nuestra Patria. Y, oiga, no deja de resultar increíble su incapacidad para alcanzar tal objetivo, sólo comparable a la del bando rojo en la Guerra Civil. Eso está escrito y no desmentido. La Masonería es una sociedad secreta (¿no estaban prohibidas en la Constitución?) con unos fines desconocidos y de todo punto temibles, algo así como un Spectre de escuadra, compás y mandilón, infiltrada en todos los ámbitos del país. El tonto de Alberto Ruiz-Gallardón llegó incluso a construir un monumento en su honor en la Plaza de Castilla. La última gran tenida masónica tuvo lugar el día que le dieron a Mario Conde el doctorado Honoris Causa en 1993. Repasen la lista de asistentes y se llevarán alguna sorpresa.

Mucho que hablar sobre este siglo XX, que nos puso en la cumbre del mundo otra vez para, en menos de 40 años, volver a refocilarnos en el barro del nacionalismo, el comunismo, la revancha y el rencor. Me pregunto si no hay por estos pagos un Cánovas, un Sagasta, un Canalejas que sea capaz de reconducir la situación que vivimos hoy día. La inquietud me impide responder.

Sigan, sigan.

[ NickAdams ] ha dicho:
19-08-2017

Interesantísima, ALMP. Merece un par de lecturas más por mi parte.

¡Hala Madrid! ¡Viva España!¡Y abajo toda la mierda de Podemos y CUP!