[ LUCES DE CHAMARTÍN ]

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NO NOS VALE NADA, II

Hoy vengo a hablarles de teoría marxista dura, la de los planes quinquenales y la CheKa, sin adulterar con esas chorradas cuasi-estructuralistas de Sartre, Althusser, Marcuse y demás rojetes amaestrados de piso en la Avenue George V. Más que nada, por ir acumulando puntos para cuando Podemos gane las elecciones y empiece a confeccionar sus listas de “reeducación” en base a la actividad observada en internet. 

Según D. Carlos el fornica-criadas, y su mucho más práctico discípulo el Camarada Vladimir, que decían Los Nikis, la “estructura” de un estado es su organización socio-económica, y todos los demás elementos, como la política, la cultura, la ideología o la religión no son más que “superestructura”, consecuencia y no causa de la “estructura”. El Marx no gracioso nos explica que toda la “superestructura” no existe más que para ofrecer apoyo y soporte, ideológico o práctico, a la “estructura”, y que no se entiende sin ella, aquello de que la “religión es el opio del pueblo”, y demás.

Bajo esta concepción, la organización política de un país emana de sus condiciones económicas, y existe para perpetuar la estructura económica imperante en ese momento. Así, las denominadas “democracias burguesas”, que son todas aquellas en las que la gente puede elegir lo que le dé la gana, supuestamente perpetúan el sistema capitalista, y solamente defienden los intereses de los ricos, mientras que las “democracias populares”, aquellas en las que el populus no ve una urna ni en pintura, cuidan del proletariado. En las “democracias burguesas”, digo, hay multitud de partidos defendiendo los más variados programas, ¡Habrase visto tamaña degeneración capitalista!, y la izquierda nos explica que todos los partidos lo son “de clase”. Así, el único objetivo de la izquierda es defender a las clases productivas trabajando por la implantación de la Dictadura del Proletariado, mientras que los partidos de derechas existen para defender al Capital y mantener al Proletariado bajo su supuesta bota. Que también manda gónadas llamar “clase productiva” a los perroflautas modernos, pero ese es un muy otro tema al que algún día volveremos.

Pues bien, mi tesis hoy es, primero, que, mientras que los partidos de izquierda son, defienden, y trabajan para exactamente lo que proponen todas las luminarias marxistas, los de derechas no lo son, y, segundo, que esto es una fuente de debilidad, tanto práctica, a la hora de conquistar o conservar el poder, como teórica, en la fuerza y coherencia de su discurso y su propaganda. 

No estoy hablando hoy de que el mayor fanatismo de la izquierda le otorgue una ventaja, que eso ya lo hemos discutido en otras ocasiones, no. Hay partidos de izquierdas verdaderamente, genuinamente, socialdemócratas y moderados, lo único que en España no tenemos, pero les juro que por esos mundos de Dios los hay, háganme caso, que siguen teniendo mucha más fuerza dialéctica que la derecha, y cuyos electores les permiten decir barbaridades que a un político de derechas le granjearían la cárcel.

No se trata hoy de diferencias de grado, sino de diferencias de sustancia: mientras que el único dios de la izquierda son las políticas sociales, sean totalitarias o democráticas según el caso, la derecha tiene dos dioses, sus políticas sociales y económicas por un lado, sí, pero por otro su nacionalismo, y aquí vengo a intentar convencerles de lo desastroso del asunto. Del otro dios que tiene la derecha, o tenía la derecha pre-cifuentina, o sea, Dios, con mayúscula, no quiero hablar hoy, porque pienso que su religiosidad ha beneficiado más que perjudicado a la derecha, ya lo explicaremos algún día si quieren. 

Tampoco se trata de que el nacionalismo sea malo en sí, ni tampoco de que un partido político sea intrínsecamente más débil por tener más de una idea y más de un objetivo en la cabeza, sino de que la derecha según la definen los marxistas, esto es, los defensores de la economía de mercado y de la democracia, no tiene clara su relación con el nacionalismo. El nacionalismo, como herramienta política o como sustento ideológico, es un arma potentísima, probablemente la mayor movilizadora de masas que existe y ha existido de la Guerra de Los Treinta Años a esta parte, pero las herramientas, como todo en esta vida, hay que saber usarlas, y hay que usarlas para lo que fueron diseñadas, y, mientras la izquierda tiene al nacionalismo como su caniche amaestrado, la derecha se ha subido a un tigre que no sabe cómo controlar. 

Para un verdadero marxista, lo que importa es que en el mundo se imponga la Dictadura del Proletariado, y el que esta se ejerza desde Moscú, Berlín Este o La Habana es absolutamente circunstancial. Cuando la izquierda huele la debilidad y el caos en Occidente, se moviliza en nombre del internacionalismo y la solidaridad entre los pueblos, como después de las dos guerras mundiales, o después de la reciente crisis crediticia, pero cuando todo vuelve a su orden natural, y la superioridad económica y organizativa del capitalismo se vuelve a imponer, entonces los rojeras se atrincheran en los pocos feudos que les puedan quedar, y, en nombre de un nacionalismo racista que haría sonrojar a Hitler, invocan el “socialismo en un solo país” leninista, la “Gran Guerra Patria” estalinista, o esa nunca bien definida “dignidad” ante el Satán Americano que se supone que tiene que compensarle a los cubanos, venezolanos o norcoreanos el no tener qué comer. O eso twittean los comunistas occidentales desde sus iPhones, y desde, curioso, Occidente.

Más por casa, en fin, después de haber estado la Puerta de Alcalá, mírala, mírala, pero de esto no se acordaba Ana Belén, envuelta en fotos de Marx y Stalin durante tres años, después de haber instaurado un festivo del “Día de la Unión Soviética”, después de haberle entregado el mando del ejército y del dizque orden público, léase las checas, a los “asesores” soviéticos, después de haber puesto y quitado ministros en función de su servilismo con Moscú, después de haber regalado a Stalin la cuarta reserva mundial de oro, y después de haber bautizado como “Brigadas Internacionales” a unidades con menos del diez por ciento de extranjeros para vender la moto de la solidaridad internacional, Negrín decidió, ya con el agua al cuello después de Teruel y la Ofensiva de Aragón, que Franco ponía en peligro la independencia de España, mire usted qué cosas, por ir a buscar armas con los únicos que se las quisieron dar.

¿Quieren un ejemplo de hoy día? Fíjense en los batasunos y en su copia catalana. ¿Creen ustedes que a unos u otros les interesan Euskal Herría o Els Paisos un pimiento, por mucho que maten, pero no mueran, en su nombre? No, lo que de verdad quieren es sacarse de encima los últimos obstáculos, obstáculos con tricornio de charol, que se interponen entre esa democracia capitalista que detestan y su paraíso camboyano. Por cierto, como nada en esta vida es del todo malo ni del todo bueno, un aspecto de la secesión de Las Vascongadas que me produciría incontenible hilaridad sería ver desfilar camino del eusko-gulag a la ejecutiva del PNV en pleno, todavía convencidos de que son ellos los que recogen las nueces. 

Cuando no interesa, por el contrario, cuando se puede sacar más enfrente del nacionalismo que a su lado, y sobre todo cuando ciertas formas de nacionalismo quedan desacreditadas y ya no molan, entonces la izquierda hace como si nunca se hubieran conocido, o mejor todavía, como si siempre hubieran estado en mortal oposición. Para más referencia véase Ribbentrop-Molotov, Pacto, o nuestra propia derecha patria, que se pasó tres años de Guerra Civil llamando “Don Julián” a Franco por traer a los “sarracenos” a España, pero ahora quiere imponer un muecín en la Catedral de Córdoba, y es que en el multicultu Siglo XXI meterse con los moritos ya no queda fetén. 

¿Y la derecha? No, la derecha no sabe hacer eso, porque para nosotros el nacionalismo no es un elemento externo a usar o tirar según convenga, sino que es parte sustancial de nuestra forma de entender el mundo y hasta, diría yo, de nuestra conciencia. Por supuesto que unos somos más nacionalistas que otros, o si lo prefieren, que suena mejor, más patriotas que otros, pero todos, en mayor o menor medida, lo somos, desde los que ponen a la nación por encima de sus ideas sociales o económicas, hasta los que no sabemos exactamente cómo cuadrar el interés personal con el sentimiento nacional. Sea el padre y cabeza de familia, o sea ese primo crápula al que a pesar de todo queremos, el sentimiento nacional es parte de nuestra familia, y la familia, a diferencia de los amigos, no la eliges. También, tres temas prometidos en un día, no se me quejarán, hablaremos un día de nacionalismo y patriotismo. 

La derecha, traicionada por el corazón y nublada la razón, que diría Camilo, nunca ha sabido sacar partido de banderas y fronteras a la manera de la izquierda, aun cuando ha estado amenazada de muerte, desde los rusos blancos, que supieron enemistarse con ucranianos, bálticos y caucásicos durante la Guerra Civil Rusa, mientras que Lenin le prometía la independencia a todo el mundo, hasta Chiang Kai Shek, a quien Stalin ofreció desentenderse de Mao a cambio de Manchuria, pero que rehusó, con las consecuencias de todos conocidas. Nuestro Franco podría haber acabado la Guerra Civil un año antes si hubiera aceptado las condiciones que le imponían Hitler y Mussolini a cambio de más armas, pero ese “esclavo del fascismo”, al decir de los que regalaron nuestro oro, se negó a regalar el hierro vizcaíno. Los ejemplos son, en fin, infinitos.

Cuando intentamos dejar el sentimiento a un lado, e intentamos ser más cínicos, en fin, usando el nacionalismo como arma arrojadiza contra la izquierda, las cosas tampoco suelen salir mucho mejor, porque, como decíamos antes, el nacionalismo es consustancial a nosotros mismos, y nunca sabemos dónde parar y desentendernos de la bicha cuando esta resulta incontrolable. Pensemos en los industriales, militares y monárquicos alemanes que empezaron a subsidiar a los camisas pardas para que les sacaran de encima al Roter Frontkämpferbund, y lo bien que les salió la jugada. Por no querer subirle el sueldo a los obreros, les acabaron cayendo miles de toneladas de bombas inglesas en sus fábricas, magnífico negocio en verdad. Hablando de bombas, algo parecido, en fin, le sucedió al viejo Agnelli con los squadristi mussolinianos, y si hoy parece que han conseguido recuperarse, eso es más producto de los pactos de postguerra con los americanos que de lo que sacara FIAT en sí de la propia guerra. Otro gran negocio.

Andando más por casa, España se encontró, cautivo y desarmado el Ejército Rojo, con un régimen algo manchado por el apoyo recibido por parte de Hitler y Mussolini, pero sustancialmente respetable y respetado por todo el mundo, al que no le hubiera resultado difícil buscar negocios con cualquiera. Pero no, tuvimos que sacar a pasear las camisas azules y subvencionar un Movimiento de millones, cuando antes de la Guerra eran cuatro gatos, levantar el brazo, y hacernos amigos de Adolfo esperando que nos cayeran Gibraltar o Marruecos, y como premio nos llevamos un boicot de quince años que destruyó nuestra economía. Otro gran negocio, nacido también de una noche loca con el nacionalismo extremo. Ya hablaremos un poco más del Invicto en la tercera y última entrega del engendro este.

Más reciente, y menos dramáticamente, ahora que la fisión del átomo ha reducido nuestras glorias nacionalistas a los Mundiales de fútbol, ¿Qué van a sacar las derechas occidentales de Le Pens, Trumps y Brexits, sino una serie de guerras comerciales y barreras arancelarias que quizás beneficien al currito de a pie -y digo esto para que no se me solivianten ustedes, no porque me lo crea-, pero desde luego no a las grandes empresas o a los bancos? Pues aun con todo, ahí tenemos a los partidos de derechas, presentando como su candidato al uno, tolerando con simpatía a la otra, y organizándoles un referéndum para su mayor gloria y lucimiento a los otros, todos seducidos por los muy patrióticos fantasmas de Churchill, De Gaulle y no sé quién en el caso de los gringos, porque nunca han tenido en el poder a un personaje de este estilo. ¡Marchemos todos juntos, y yo el primero, al mercantilismo estilo Colbert, envueltos en nuestras gloriosas banderas!

Y de aquellos barros prácticos, vienen los lodos ideológicos, que son al fin y al cabo los más importantes hoy, porque ahora ya no se trata de recibir más cañones para tomar Madrid, sino de convencer a la gente de que te vote y a los medios de que las barbaridades siguen siéndolo aunque las diga un comunista. Aparte de las nefastas consecuencias prácticas que antes hemos enumerado, todos esas liaisons de la derecha con el nacionalismo han resultado ser pero tres dangereuses desde un sentido mercadotécnico y hasta moral en muchos casos. Por supuesto que hay mucha demagogia izquierdista, y muchos sambenitos colgados injustamente, todo lo que ustedes quieran, pero fueron los burgueses alemanes, por seguir con mis categorizaciones marxistas, los que marcharon hasta el final con Hitler, hasta su destrucción física y, lo que es más importante, hasta comprometer sus bases morales por los siglos de los siglos, fue Franco el que se dio un abrazo con él, y, más recientemente, los políticos que se hacen fotos con la misma gentuza que apalea polacos en Brighton son los tories, no los laboristas. No, claro, ni Theresa May va por ahí pegando a la gente ni Franco se cargó a ningún judío, más bien al contrario, pero las fotos con compañías poco recomendables se las hacen, y bien que los derechistas estamos pagando por ello. Lo mismo les digo, por cierto, de la cantidad de cazadoras bomber y botas Dr. Marten´s que aparecen en las concentraciones del 12 de Octubre en Barcelona.

Alguien me podría decir que qué derecho tiene un concejal cuyo despacho es presidido por un retrato de Lenin a poner el grito en el cielo porque a nosotros se nos pega un skin sin ni siquiera buscarlo, y tendría toda la razón del mundo, pero no estoy hablando de derecho moral, ni de si unos se sentarán a la derecha o a la izquierda del Padre, sino de percepciones: mientras que la izquierda sabe perfectamente cuándo, cómo y en qué medida soltarle la correa a sus perros del gulag para que muerdan tanto como y a quien corresponda en cada momento, “nuestros” perros no son nuestros, simplemente nos siguen, y no podemos controlar lo que hacen, ni a quien, ni, sobre todo, delante de qué cámaras. Los perros, o perroflautas, izquierdistas, agrupados en aparentemente variopintos, pero en realidad fabricados en serie con dinero público, “colektivos antifascistas”, y demás, reciben sus órdenes de los concejales que les conceden las subvenciones, pero los perros del brazo en alto hacen lo que les da la gana cuando les da la gana, normalmente en el peor momento posible, sin que sepamos controlarlos, pero tampoco, y aquí está lo verdaderamente grave, desentendernos del todo de ellos, porque, al fin y al cabo, “son de los nuestros”, enarbolan nuestra bandera. Y como Fausto, también nosotros pagamos y pagaremos por nuestro pacto.

COMENTARIOS [0]
[ Pailán ] ha dicho:
20-05-2017

 

Buena entraduca para una mañana de sábado, ALMP, con un análisis de los de antes, de lo general a lo particular.

wh, yo creo que la oferta de la skin perroflauta Soraya (estupendo el montaje del blogmaster) de ir a defender el referéndum o lo que sea al Parlamento es una jugada maestra, que deja en pelotas tanto a los separatas (algo nada difícil) como a "los propios", que quieren templar gaitas y dejar que putschdemón haga, no vaya a ser que me falten unos votets. Digo esto porque no pasa nada porque el Estado asuma las competencias que le corresponden. Decían que si se ilegalizaba Herri Batasuna aquello iba a ser una guerra civil. ¿Y qué pasó? Pues nada. Lo mismo pasaría con Cataluña. ¿Alguien cree que los burgueses catalanes se iban a echar a la calle? ¿Con qué armas? ¿Las llaves del negocio? ¿Los papeles de la empresa? Habrá unos cuantos contenedores quemados por los de la extrema izquierda y ya, pero el burqués catalán, ese valiente, está deseando que el Estado haga algo y así salvar los muebles. Por su parte, los separatas se acabarán comiendo entre ellos, con lo que tendremos pax catalana asegurada durante otros 25 años, aunque me temo que, tras ellos, vendrá otro empujón que posiblemente sea el definitivo.

Sigan, sigan

[ ZAPEZIPI ] ha dicho:
20-05-2017

Pues yo lo simplificaría aún más para dejarlo sólo en la falta de valores (individuales o personales). Gran altura la de esta entrada de ALM que más conviene meditar que comentar.

Pero como detalle nimio hay en ella una mención que parece dar por buena cierta autoría de la canción La Puerta de Alcalá. Esta es una de esas pequeñas cosas que se van admitiendo de matute y que al final se consolidadan como verdaderas.

Sus autores son miembos del grupo Suburbano y según parece no han percibido ni perciben un solo duro por esa autoría. 

[ wh ] ha dicho:
20-05-2017

Yo simplificaría las cosas diciendo que el problema de la derecha, el centro derecha, la derecha liberal o como que queramos llamar a todo lo que no sea una izquierda que añore una Cubaña o una Espazuela, es la falta de liderazgo y de valores.

Aparte de la corrupción, que- en ese nuevo lenguaje que se nos impone- es transversal, la asquerosa traición del PP a sus votantes y a sus propias promesas lo hace invotable en una próximas elecciones por mucho miedo que se pueda tener a la llegada al poder de las rojas huestes podemitas. 

Que una tipeja vendida a la corrupta izquierda prisaica como Soraya invite a Puigmierdón a debatir el refrendum separatista en el Congreso, indica la cortedad de miras de la patulea cobarde que nos gobierna. 

Ya lo he dicho muchas veces por aquí: sólo un liderazgo valiente con un plan a mediano-largo plazo -y que tiene que empezar, inevitablemente, por recuperar las competencias de Educación, con mayúsculas-  para refenerar a España puede salvarnos del desastre que se avecina. La mala noticia es que ese líder no esta ni se le espera, y el tiempo se acaba.

[ NickAdams ] ha dicho:
19-05-2017

La, teóricamente, derecha española tiene una desoladora falta de liderazgo. Rajoy es un cobarde, un traidor y, como él, todos los que están a su lado, empezando por la que ALMP ha convertido en una skinhead pija de cojones.

La situación cada vez pinta peor y de ella se aprovecharán los separatistas y los podemitas, es decir, lo peor de España.