[ LUCES DE CHAMARTÍN ]

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NO NOS VALE NADA, I

Cuando en su día les traje los “Les vale todo” intentando explicar por qué la izquierda es tan desvergonzada y eficiente en la mentira, uno de los pilares de esta casa me pidió que me atreviese también con la proposición inversa, es decir, la fuente de la pusilanimidad de las derechas que dicen representarnos. A ver qué les parece. 

A mi modo de ver, hay tres factores principales, dos de ellos que afectan a las derechas en general, y un último que sólo afecta a la derecha española, y hoy vamos a tratar de uno de los factores comunes, el pecado original de las derechas mundiales; en una segunda entrega les presentaré a un amigo muy peligroso que a la derecha se echó de joven, y que la acabó llevando por mal camino; y acabaremos por explorar aquellas especificidades de la derecha española que la han convertido en todavía más cobarde, y ya es decir, que sus homónimas europeas.

Los sistemas democráticos modernos emanan todos, si no nos queremos retrotraer a Solón y Pericles, o bien de la tradición parlamentaria anglosajona o bien de la Revolución Francesa: todas las instituciones políticas y electorales, la organización en partidos, los discursos ideológicos, y hasta los mismos epítetos de “derecha” e “izquierda” vienen de La Convención francesa, del Parlamento inglés o de la Declaración de Independencia estadounidense. Aun hoy, y aparte de algunos que miran a La Habana, derechas e izquierdas siguen apoyando sus propuestas en ejemplos tomados principalmente de uno de estos tres países, o más bien en sus propias y torticeras interpretaciones de lo que son estos países, pero la imitación, aunque sea mala, es la forma más sincera de elogio, que dicen, mire usted por dónde, los ingleses.

Desde principios del S. XIX, todos los que en todo el mundo soñaban con la libertad eligieron como modelo a Inglaterra o a la Revolución francesa, desde la media docena de repúblicas americanas que tienen o una pirámide masónica o un gorro frigio en su escudo hasta los liberales españoles que se refugiaban en Inglaterra cada vez que fracasaban sus intentonas o los carbonarios italianos que se proclamaban admiradores de Robespierre. No hubo, desde el principio, otros caminos, otros modelos, más que Inglaterra o Francia, y aquí vengo a proponerles, primero, que las derechas actuales son hijas del parlamentarismo inglés mientras que las izquierdas lo son del jacobinismo francés, y, segundo, que las prácticas, la experiencia y, sobre todo, la teoría del conocimiento, de dicho parlamentarismo inglés incapacitan de origen a las derechas para debatir en pie de igualdad con las izquierdas.

La izquierda, siguiendo el consejo de Stalin, ha intentado adueñarse del pasado para controlar el futuro, y se ha autoproclamado heredera de todas las tradiciones de libertad que en el mundo han sido, mientras que todo totalitarismo es, según ellos, automáticamente de derechas. Así, según el aberrante “ideólogo” del zapaterismo, Suso del Toro, el PSOE es heredero de Viriato, el Dos de Mayo o Mariana Pineda, entre otros, mientras que Aznar y Fernando VII son una y la misma cosa, pero estos rebuznos, u otros infinitamente mejor articulados que estos, no se sostienen, y mira que al rojerío le pone que todo sea la mar de sostenible.

Los absolutismos, y los absolutistas, de viejo cuño desaparecieron de toda la Europa de verdad antes de finales del S. XIX, y aun en España, siempre por detrás, los únicos verdaderos absolutistas que quedaban, los carlistas, debían su relevancia más a su siempre excelente organización paramilitar, por no llamarlo permanente predisposición a sacudirse con todo el mundo, que a su fuerza electoral. No se puede hablar de “derecha” e “izquierda” en un sentido moderno hasta la aparición del obrerismo en el último tercio del Siglo XIX, y digo bien, “obrerismo”, porque el anarquismo y el socialismo utópico fueron, en un principio, mucho más poderosos que el marxismo. Independientemente de lo que unos y otros hubieran podido defender antes, es a finales del S. XIX cuando en toda Europa quedaron definidos los mismos dos bandos que hoy se enfrentan: unos partidos capitalistas, defensores de un sufragio más o menos extendido y con más o menos garantías democráticas, pero todos partidarios de la estabilidad, el orden y el liberalismo económico victoriano, y otros partidos revolucionarios, también con notables diferencias entre ellos, pero seducidos todos por la violencia y el cambio vertiginoso y radical de un Robespierre o de la Comuna de París de 1871.

Los ejemplos abundan, desde el Risorgimento italiano, novelado por el jacobino Garibaldi pero controlado en última instancia por el anglófilo Cavour, hasta nuestra propia Restauración, cuando Cánovas y Sagasta organizaron un sistema idéntico al británico, pucherazos electorales y alternancias predeterminadas de poder incluidas. No quiero extenderme mucho, pero baste con decir que aun en Francia, en la cuna de la Revolución, la III República nacida del desastre de la guerra con Prusia se armó ideológicamente, restauró el orden aplastando a la Comuna parisina, e inició la recuperación económica y diplomática bajo la batuta de Thiers y otros declarados anglófilos.

El Siglo XX, en fin, no nos ha traído otra cosa, con las izquierdas ignorando olímpicamente el ejemplo del laborismo inglés, que accedió pacífica y democráticamente al gobierno en 1924, pero haciéndose la boca agua con las algaradas del Frente Popular francés, los crímenes de su homónimo español, o, últimamente, los vacuos postureos de Mayo del 68, todo muy vistoso y muy bien contado por Malraux, o Sartre, pero que no produjeron nada positivo. La derecha, entretanto, también seguía y sigue a lo suyo, mirando alternativamente a Inglaterra o Estados Unidos según la época, paisuchos ambos fascistas, sin una revolución ni una hambruna que llevarse a la boca en todo el siglo, valiente aburrimiento y ordinariez. La moraleja está clara: en cualquier país del mundo y en cualquier época, sólo se podía acudir a Inglaterra y a su heredera del otro lado del Atlántico como inspiración si se pretendía cierto orden y una economía de mercado. 

Lo cual nos trae a la segunda parte de mi proposición: ¿Por qué el parlamentarismo inglés nace discapacitado de origen para debatir con la izquierda? Porque es posibilista, pactista, relativista, y, sobre todo, adaptable y empirista. Por supuesto, bajo cualquier baremo práctico, la adaptabilidad es una virtud, y si no que se lo pregunten a los discípulos de Marx, que han tenido que reconocer, sonrojados, que la capacidad de transformación que está demostrando el capitalismo es inmensamente mayor que la que le había reconocido el Maestro, quien le auguraba como mucho otros cincuenta años de vida. El capitalismo ha sabido funcionar con sufragio universal en Estados Unidos desde siempre y con sufragio censitario en el Reino Unido hasta 1928 nada menos; ha sabido sobrevivir bajo un modelo comercial y colonial, bajo un paisaje gris-humo de carbón, se adaptó después al capitalismo de servicios y parece que tampoco le va mal ahora con las fortunas del bit y el .com; ha sabido sobrevivir con esclavitud y sin ella; en estados profundamente religiosos y en estados furiosamente anticlericales.

Pero lo que resulta una virtud en el mundo real, es una debilidad en el de las ideas, precisamente porque son eso, ideas, y las ideas del capitalismo van cambiando según las condiciones, las épocas y, sobre todo, la experiencia empírica de lo que funciona y lo que no. La empírica derecha no tiene otra ley que lo que funciona, y como lo que funciona no es siempre lo mismo, carece de preconcepciones, de certezas y de fanatismos: lo que hoy me gusta puede que mañana no sea tan bueno, o que me guste para practicarlo aquí, que hay petróleo, pero no allí, que no hay nada. La izquierda, en cambio, es hija del Racionalismo cartesiano, y no tiene esos problemas: en nombre del “progreso” siguen defendiendo una filosofía de hace casi doscientos años y a los carcamales de noventa que la predican, y da exactamente igual que todos los experimentos que han llevado a cabo hayan salido mal, porque, como enseñaba Descartes, si el razonamiento básico es correcto, no importa que la realidad parezca contradecir al razonamiento: es simplemente que no se está interpretando la realidad correctamente.

Si se fijan ustedes, los cuadros dirigentes de los regímenes comunistas y de los partidos de izquierda se nutren en mucha mayor medida de académicos y teóricos de todo tipo que los gobiernos capitalistas y los partidos de derechas, y no es casualidad: mientras que los capitalistas solemos preferir a gente que ha demostrado que sabe administrar una empresa o un negociado ministerial, la izquierda es perfectamente capaz de confiarle las riendas de un imperio a un Brezhnev, de un partido a un Pablo Iglesias, o de una ciudad a un Tierno Galván, todo ello, por cierto, con los magníficos resultados por todos conocidos, porque lo importante es que se lleven la teoría bien empollada; Ustedes saben lo que pienso de Donald Trump, pero lo voy a usar desvergonzadamente de ilustración ahora, porque resultaría de todo punto imposible que un partido de izquierdas presentara un candidato como él, quien probablemente no sepa ni quien era Adam Smith, pero que lleva décadas ganando y perdiendo fortunas de las de verdad, y de las suyas, no de las de los demás, que son las que le gusta perder, solo perder y nunca ganar, a los catedráticos de la izquierda. 

Y así estamos, damas y caballeros. La derecha conoce su pasado, y hasta puede estar más o menos orgullosa de él, pero es consciente de sus errores y limitaciones, y es precisamente por eso por lo que demuestra esa capacidad de cambio de la que hablábamos, porque vive en la continua búsqueda de mejoras; la derecha entiende el presente, pero no tiene todas las respuestas sobre el mismo, y, como con el pasado, tampoco le parece que todo sea perfecto; la derecha intenta hacer proyecciones razonables sobre el futuro, pero está siempre abierta a sugerencias y, sobre todo, a cambios de planes si dichas proyecciones resultan erróneas. ¿Cómo va a competir eso contra la izquierda, que nació enseñada y segura de a dónde iba, que no ha hecho nada mal en toda su vida, que tiene todas las respuestas a los problemas de hoy, y que sabe exactamente lo que va a pasar de aquí a mil años? Hemos perdido antes de empezar a jugar.

COMENTARIOS [0]
[ elcapita ] ha dicho:
02-04-2017

Muy buenas.

Mañana me voy a hacer la mitad que me queda del Camino de Santiago (desde Sahagún concretamente, localidad que corona el Camino Madrileño, que terminé en octubre), así que quería entrar para enviaros un caluroso abrazo.

He leído casi todo el artículo de LMP que, como siempre, forma, informa y entretiene. Yo sólo quería añadir, modestamente, dos cosas:

1) la derecha española es que ya no es ni homónima de sus europeas, desde que el muchas veces para mí sobrevalorado Aznar renunció a ese nombre para abrazar un insustancial "centro reformista" o "centro" a secas. Arriba, abajo, al centro y padentro a tragarse todas las humillaciones del autoproclamado progresismo. Mariano Rajoy Breyy alias "el Rajao" ha continuado y reforzado tanto esa "línea" entreguista en materia de principios y batalla ideológica que , pro comparación, hasta el rencoroso Aznar parece un adalid de la derecha.

2) En cuanto a la articulación definitiva de la dicotomía Izquierda-Derecha que se produce con la consolidación del movimiento obrero en su versión marxista, creo conveniente añadir que, aunque finalmente se impusieran por votación en el seno de la Primera Internacional (1864) los planteamientos revolucionarios y antisistema ( que se diría hoy) de Karl Marx, no es menos cierto que las ideas socialistas reformistas defendidas entre otros por el suizo( creo que era suizo) Edouard Bernstein tb concitaron bastante apoyo y sólo fueron derrotadas tras encendidos debates en los que los marxistas trataron, como siempre, de deslegitimar y laminar a esos reformistas tildándolos de traidores a los intereses del proletariado. Bernstein dejó muy claro y patente en sus escritos que la vía para mejorar realmente las , indiscutiblemente, míseras condiciones de la clase obrera, era el reformismo dentro del sistema capitalista, promoviendo la aprobación de una legislación laboral protectora pero renunciando en todo momento a la violencia "revolucionaria" tan del gusto de Marx y Engels.

Por eso, para garantizarse la hegemonía ideológica, Marx y cia prohibieron, con motivo de la creación en la década de 1880 de la Segunda Internacional, cualquier posicionamiento alternativo al marxismo, no fuera a ser que muchos obreros eligieran el lado "equivocado".

Quiero decir con todo esto que el laborismo pactista inglés tb tuvo sus firmes partidarios en el continente y que, en contra de lo constantemente martilleado incluso por secotres de la derecha, ni la idea marxista de la dictadura del proletariado, ni el anarcocolectivismo bakuniniano(  joder qué mal suena pero tenía que decirlo así...) fueron tan preponderantes realmente como se dice. De hecho, creo recordar que el anarquismo sólo fue mayoritario en ESpaña, Suiza e Italia.

[ pezuco ] ha dicho:
02-04-2017

 

Pues otra vez alabar el articulazo de ALMP, creo que conviene explicar estas cosas y que no se olviden. También tengo que señalar que no estoy seguro de que la parte "empírica" y demás expliquen el resultado de esta derecha socialdemócrata que padecemos, a la vez que el acomplejamiento, cobardía pusilaminidad de sus líderes.

Echo de menos la anunciada segunda parte de esta gran entrada para saber de dónde viene esa rendición sin plantear batalla ideológica de esos que antes podíamos llamar liberales.

Off topic, cuidaduco con el partido de hoy, nuestro rival ya ganó en el Campo Nuevo y empató en el Calderón. La baja de Casemiro se hara notar, esperemos que la de Canelita se note todavía más, y sea para bien.

 

P.D. Saludos a Ayer, sea Usted muy bienvenido a esta humilde morada madridista, sepa que nos deleita con su presencia.

 

 

[ bg_rules ] ha dicho:
02-04-2017

Rebienvenido, amigo ayer. Dichosos los ojos.

[ wh ] ha dicho:
02-04-2017
Citando a ZAPEZIPI :: No. 6 :: 02-04-2017

Les recomiendo hacer el desagradable esfuerzo de leer el artículo de Relaño en AS.

En ocasiones hay que proveerse de mascarllla y analizar la bilis vertida para llegar a conocer la enfermedad de quien la segrega. Desesperada trinchera p...

Leido, ZAPEZIPI, con muchísimo asco. Despreciable Relaño y la inmensa mayoría de la profesión. Hacía muchísimos meses que no entraba en ASco. Te debe un click  Alfredito el Rastrero.

[ ZAPEZIPI ] ha dicho:
02-04-2017

Les recomiendo hacer el desagradable esfuerzo de leer el artículo de Relaño en AS.

En ocasiones hay que proveerse de mascarllla y analizar la bilis vertida para llegar a conocer la enfermedad de quien la segrega. Desesperada trinchera política y económica bajo angelical ropa deportiva. Y filtro sectario para identificar o no a los asistentes a los palcos en función de afinidades ideológicas personales.

Noticias veraces y opiniones independientes, se llegó  a rotular en su día al periodismo...

[ wh ] ha dicho:
02-04-2017
Citando a ayer :: No. 4 :: 02-04-2017

Luiiiiiiiis

Interesantísima contraposición entre izquierda q es un credo divorciado de praxis -o de responsabilidad por la praxis- y derecha, q es solo praxis salvo por un único credo q, para colmo, es inservible por haberlo...

Un placer haber podido llegar a vivir el regreso de ayer a MqM, así que hay que dar las gracias a ALMP y a su magnífica entrada por haber dado el empujón final.

Sobre la entrada tengo que decir que históricamente -como siempre- es impecable, pero no estoy completamente de acuerdo con la - a veces necesaria simplificación- izquierda-derecha. Estos límites tan claros, podría considerarlos válidos hasta los primeros años que sucedieron a la caída del Muro de Berlín y el colapso del bloque comunista de la Europa de Este unido al híbrido capitalismo chino que ha encandilado y confundido a muchos. A partir de entonces, sin un claro enemigo enfrente, la derecha occidental se ha debilitado y, lo que es peor, ha comprado el lenguaje mentiroso de la izquierda más tradicional, camuflado desde entonces en campos de batalla aparentemente colaterales pero que han ido adueñándose de una palabra a la que, lamentablemente, han pervertido: "progreso".

Sería muy largo -porque es muy complejo y tiene muchos matices- hacer un relato de esta victoria-derrota porque la situación se complicó aún más el 11 de septiembre de 2001, sacando espectacularmente a la luz un problema que se llevaba gestando mucho tiempo antes, la aparición del nuevo enemigo, el islamismo radical.

Entre la pinza de la izquierda que sólo sabe repatir miseria a las masas, esas dice que tanto le preocupan -clarísimo ejemplo venezolano, la más reciente prueba de que la izquierda en el poder sólo traerá mierda y represión-, y el yihadismo, que sólo quiere matar y destruir a Occidente, la derecha con poder ha apostado, como siempre, por la comodidad que en el nuevo lenguaje progre se llama "diálogo" y que permite al enemigo prepararse mejor para dar el golpe definitivo. La derecha -y la de España, más- de ahora no es ni posibilista ni empirista es, sobre todo, cobarde.

[ ayer ] ha dicho:
02-04-2017

Luiiiiiiiis

Interesantísima contraposición entre izquierda q es un credo divorciado de praxis -o de responsabilidad por la praxis- y derecha, q es solo praxis salvo por un único credo q, para colmo, es inservible por haberlo estigmatizado como superstición la izquierda.

Luiiiiis

Aprovecho para saludar al grupo de mqm.

¡España y libertad!

 

 

 

 

[ ZAPEZIPI ] ha dicho:
31-03-2017

Harvard, perdón.

[ ZAPEZIPI ] ha dicho:
31-03-2017

Quizás convendría ser más prudente con Rajoy, no vaya a ser que al final, al tran-tran, gane el mús a los gallitos y dedique un rosco de humo de cohiba a más de uno. Veremos cómo acaba el niño que le llamó indecente.

De momento, a Quasimodo sólo le falta comerse el codo cada vez que debate con Rajoy y en una de estas se corta la coleta; y Cocomocho se ha ido a Harward buscando allí la excelencia... en el ridículo.

Ojo al santo, que es de palo.

[ NickAdams ] ha dicho:
30-03-2017

Mucho acomodado y mucho traidor en la derecha, ALMP. Aqui el PP de Rajao, la Soraya o la Cifuentes de derecha tiene poco. Estos no miran ni a Estados Unidos, ni al Reino Unido, sólo miran a su cada vez más adelantado ombligo.

Creo que te equivocas con Trump, porque algo necesitábamos para cambiar la cobarde y permisiva deriva del mundo occidental.

Y vuelvo siempre a lo mismo, el enorme daño que la blanda y metirosa educación publica ha provocado en los países del llamado "primer mundo".