[ LUCES DE CHAMARTÍN ]

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DEMASIADO BIEN Y DEMASIADO PRONTO II

Se acordarán ustedes de cómo, en una de mis primeras aportaciones, me lamentaba sobre nuestro notorio y único auto-odio, y ofrecía una teoría sobre una de sus posibles raíces: hoy vengo a hacer lo propio con el, a mi juicio, otro gran defecto de los españoles, esto es, el odio y la demonización de la excelencia.

Desde los envidiosos que le afearon a Colón o al Gran Capitán sus hazañas y provocaron su ruina, hasta los mentecatos que hoy le desean la muerte a Amancio Ortega, pienso que es incontrovertible que en España hay más envidia, y menos ganas de sobresalir que en ningún otro país de Occidente. Los votos hablan por sí solos: desde la mani pulite contra la mafia siciliana no hay en Europa otra región con una red clientelar tan tupida como la andaluza, con la diferencia de que nadie votó a la Mafia pero nueve millones de andaluces llevan cuarenta años eligiendo libremente al partido que ha quemado todas las cañas de pescar que había en Andalucía a cambio de unos míseros puñados de peces que tienen que venir del resto de España o de Bruselas. Tampoco nadie tiene un partido como Podemos, que propone el pleno empleo público a sueldo único, seas barrendero o doctor, y que encumbra a las alcaldías a personajes que no saben ni meterse la camisa por dentro de los pantalones. Se me pueden aducir los mil ejemplos individuales de grandes emprendedores, empezando por el antedicho dueño de Inditex, pero, votos en la mano, en España hay por lo menos siete u ocho millones de personas cuyo horizonte e ideal es un sueldo público de máxima seguridad y mínima responsabilidad, y eso no pasa en ningún país de Occidente, con la excepción de Grecia, que lleva cuarenta años viviendo de Bruselas.

¿Por qué somos así? ¿Por qué montar una empresa y hacerte rico con tu talento y tu trabajo es un crimen en España? Y más paradójicamente, ¿Por qué desde siempre, y aun hoy, España produce más aventureros o misioneros que ningún otro país, pero menos empresarios? ¿Por qué los españoles no dudamos en cruzarnos el mundo en busca de fortuna, o de nada más que la Gloria Divina, pero para patentar un invento encontramos las mil excusas? 

Si empezamos a seguir el hilo en busca del ovillo, la España económica, social y cultural de la Baja Edad Media, o del Imperio Romano, no era muy diferente del resto de Europa, pero la del Siglo XVIII, por ejemplo, sí que lo era, por mucho que nuestros Borbones sembraran Madrid y alrededores de palacios italo-gabachizantes y que Esquilache tuviese que obligar a los madrileños a punta de bayoneta valona a llevar sombrero de tres picos, lo cual es en sí una muestra de nuestro alejamiento de las modas europeas. Mientras que la industria textil de la Castilla del S. XVI podía rivalizar con la flamenca, y nuestros mercaderes levantinos les disputaban el cotarro a los venecianos por todo el Mediterráneo, la España de finales del S. XVIII no tenía ya los capitales comerciales privados que en el Norte de Europa hicieron posible la industrialización del XIX; mientras que nuestro Siglo XVI produjo a un Vitoria, a un Nebrija, a un Cervantes, o a una Santa Teresa, nuestro Siglo XVIII nos trajo a… ¿Moratín? En fin, ya ven por dónde voy. 

¿Qué pasó, entonces, en esos siglos, que provocó nuestro subdesarrollo social, económico y cultural? Si se dan cuenta, decía que la España económica, social y cultural de la Baja Edad Media era comparable a la europea, pero he excluido deliberadamente a la política de esa enumeración, porque el Estado, o el poder real, que entonces era lo mismo, español que saltó entre la Baja Edad Media y la Edad Moderna le llevaba trescientos años de ventaja en desarrollo a cualquier otro de Europa fuera de Venecia y, en según qué aspectos, Portugal. Vamos a elegir una fecha aleatoria, o no tan aleatoria, el 1582 del inmortal himno de Los Nikis, y comparemos el aparato estatal español con los de nuestros vecinos:

En 1582, cuando nadie más que la por otra parte recién incorporada Portugal tenía colonias, la Corona de Castilla llevaba casi dos siglos colonizando tierras lejanas y radicalmente diferentes de la Península, que la aventura atlántica empezó en Lanzarote, no en La Española. Nosotros ya organizábamos flotas que cruzaban el Atlántico a intervalos regulares cuando Francia o Inglaterra no habían pasado de contratar venecianos para que se pasearan por el Atlántico Norte sin mayores consecuencias, y cuando el Galeón de Manila empezó sus viajes anuales, en 1565, nadie en Europa sabía ni dónde estaba el Pacífico. 

En 1582 hacía once años que cientos de galeras reales  y miles de soldados pagados, mal pagados al decir de D. Miguel, pero pagados al fin y al cabo, por España, habían salvado a Occidente de lo que ahora nuestros políticos no nos quieren salvar, y en el mismo 1582 D. Alvaro de Bazán y sus galeones, que no eran de él sino del Rey Felipe, pusieron en fuga a una caterva de piratas herejes. En 1582, por el contrario, los ingleses, franceses u holandeses no tenían otra cosa que oponernos más que eso, piratas en busca de botín, no marinos regulares, y lo mismo, más una serie de tormentas, nos opusieron en 1588. Por supuesto, ahora nos quieren vender a Drake y compañía como “almirantes”, pero ni sus barcos fueron armados con dinero real, ni había en ellos un solo marino profesional de la inexistente marina militar inglesa.

En ese mismo 1582, la infantería española, equipada principalmente con armas de fuego, organizada en unidades permanentes y mandada por oficiales regulares, llevaba casi un siglo como el único ejército profesional de Europa desde las legiones. Nuestros enemigos, entretanto, nos oponían o masas de suizos o levas feudales no muy diferentes de las que cuatrocientos años antes habían agredido brutalmente a los pacíficos musulmanes de Tierra Santa después de que estos les ganaran Jerusalén a los bizantinos en una partida de mus, y para encontrar algo remotamente parecido a los tercios había que irse no a Londres o París, sino a Estambul y sus jenízaros.

Sobre todo, en fin, en 1582 el rey burócrata Felipe II llevaba treinta años gobernando el Imperio en el que no se ponía el sol desde su despacho de El Escorial, mediante cartas, embajadas, decretos, informes y legajos, mientras que sus homónimos europeos seguían gobernando estados incomparablemente más pequeños y menos complejos a golpe de corte itinerante y colmando de favores a sus magnates, más o menos igual que en 1300. Ahora, viendo a Rajoy y Mas, nos parecería mentira, pero en 1582, lo que se decretaba en Madrid se cumplía sin más discusión no sólo en toda España, sino en medio mundo, y ni los Tudor, ni los Valois, ni mucho menos los otros Habsburgo, los alcalaínos, podían decir lo mismo. Felipe II no se volvió a subir a un caballo ni a ponerse una armadura después de San Quintín, y eso, aunque luego te haga salir mal en los cuadros, es mucho más moderno que lo de, por ejemplo, Enrique II de Francia, quien había muerto en 1559 de una lanzada en un torneo, como en una vulgar novela de Walter Scott. ¡En 1559!, para que ahora nos quieran convencer de que París es la capital de la moda, hay que ver.

Supongo que ya se habrán dado cuenta de por dónde voy. No se trata hoy de glosar el heroísmo de nuestros navegantes o nuestros soldados, ni de presentar nuestras hazañas como películas de aventuras, por mucho que muchas acabaran siéndolo. No, en lo que quiero incidir es en el aspecto organizativo de todas estas empresas: llevamos toda la vida escuchando la cantinela de “los primeros estados modernos”, el eterno trío de España, Francia e Inglaterra, pero eso es cierto solamente en lo que atañe a la extensión territorial, porque en lo que respecta a todos los elementos e instituciones que efectivamente constituyen un estado moderno, España ocupa la misma posición entre los más tempraneros estados modernos que la que se atribuía El Guerrita en la Fiesta Nacional: primero yo, después naide, y después Francia e Inglaterra. España tuvo administración territorial, burocracia, impuestos uniformes y monetarios, ejército, armada o administración colonial más de cien años antes que nadie. Hasta el éxito de la famosa Inquisición, responsable del fracaso de la Reforma no sólo en España sino también en Francia, Portugal e Italia, es más una muestra de poder y organización estatal que de intolerancia o fanatismo, porque quemar quemaban todos, y si no que le pregunten a Miguel Servet.    

Pero, ¿No debería ese estado fuerte, lejos de dificultar el desarrollo económico y cultural, haber proporcionado un medio y un paraguas? Depende del desarrollo socioeconómico de una sociedad, y los ejemplos más palmarios los podemos ver comparando regímenes comunistas: en sociedades relativamente poco desarrolladas, un estado fuerte puede proporcionar el entramado industrial y financiero que la sociedad no puede organizar por sí misma, y facilitar así el crecimiento, como por ejemplo en China o Vietnam hasta hace poco, en Corea del Norte al principio, o quizás en la propia Rusia hasta los años 60, pero en países que ya disfrutaban de un tejido industrial, comercial y financiero mínimamente desarrollado, un estado omnipresente no sirve para nada más que para ahogar el desarrollo y la iniciativa, como por ejemplo en… bueno, en otros 80 países desde hace 100 años, por mucho que Podemos reclame “barrer lo que se ha visto que no funciona”.

La clase comercial española de 1492 era la segunda más sofisticada y capitalizada de Europa, detrás de la italiana, y hubiera sido perfectamente capaz de organizar unas Compañías de Indias o de Guinea al estilo de las holandesas o inglesas si el todopoderoso estado no hubiera impuesto el monopolio de la Casa de Contratación sevillana -¿Por qué no reclamamos los demás la “deuda histórica” a Andalucía?-. En el Mediterráneo, donde los grilletes de la famosa Casa no tenían efecto, corsarios como D. Antonio Barceló siguieron armando barcos para hacerles la vida imposible a los berberiscos con poca o ninguna ayuda de la Armada durante los doscientos años después de Lepanto, nada menos. Claro, gracias a Vasco Da Gama y Selim I, en el Mediterráneo del S. XVIII ya no se ganaba la pasta que se había ganado en la Edad Media, y los armadores mallorquines no eran los de Bristol o Haarlem, pero la diferencia es de ámbito y oportunidad, no de talento o disposición. Aun en 1765, cuando se liberalizó parcialmente el comercio atlántico, y después de siglo y medio de control estatal, todavía había comerciantes españoles dispuestos a emprender negocios, como demuestra el vertiginoso crecimiento del comercio transatlántico privado, pero ya era tarde, y en los pocos años que le quedaban al Imperio no hubo ya tiempo de recrear el tejido comercial y financiero que se había ido destruyendo desde 1503. 

¿Por qué tampoco tuvo España su Mayflower? Estoy del Mayflower y sus peregrinos hasta más arriba del gorro. Nos han vendido a los famosos 102 cuáqueros, o lo que fueran, como un modelo del indomable espíritu humano porque se fueron a sembrar patatas a una tierra extraña y porque se dieron sus propias leyes y crearon su propia colonia, pero, ¿Es que España no había mandado a mil veces esos 102 un siglo antes? ¿Es que no habíamos llenado tres carabelas con 150 chalados que no tenían ni la más remota idea de lo que había al otro lado del océano, no como los ingleses, que iban a tiro fijo? La diferencia es que, en 1620, la corona inglesa no tenía una marina real o una administración que pudiera obligar a los peregrinos a organizarse de tal o cual manera, mientras que cien años antes, España sí tenía todos los mecanismos coercitivos que normalmente se asocian a un estado moderno, y no hubiera tardado mucho en enviar un ejército a cualquier Cortés o Pizarro que sacase los pies del tiesto, como por cierto le tuvieron que hacer, entre otros, a este último. Lo dicho, no se trata de falta de espíritu, sino de falta de oportunidades.

Tampoco creo que sea una falla del espíritu emprendedor colectivo, expresado en el Estado: pienso que la Historia demuestra que si los estados inglés u holandés resultaron incomparablemente menos intervencionistas y reguladores que la Corona Española, fue porque no pudieron, simple y llanamente. Unos y otros herejes tuvieron que convertir la necesidad en virtud, y alentar la formación de las famosas Compañías de Indias, no por ninguna especial clarividencia, sino porque las flotas de mercantes armados de las mismas eran lo más aproximado a una marina militar que se podían permitir para enfrentarse a la, esta sí, Armada Real española; no es que Londres le concediera graciosamente a sus Trece Colonias la libertad de organizarse cada una como mejor les pareciera, de comerciar entre ellas, organizar asambleas coloniales, fundar universidades o mantener milicias, sino que, aun en 1650 o 1700, la idea de mandar una flota y un ejército a meter en cintura a sus colonias no pasaba de la ciencia ficción, mientras que las ciudades planificadas, las catedrales, los cabildos, los ayuntamientos, las universidades y las fortalezas españolas son testigo eterno del poder de la monarquía española en América.

Juzgar potencialidades o voluntades en Historia es muy peligroso, porque nadie suele nunca dejar escrito qué le hubiera gustado hacer si hubiera podido, y también fútil, porque en realidad lo que importa es lo que pasó y muy poco lo que pudiera haber pasado, pero creo que se puede proyectar lo que de verdad les hubiera gustado hacer a los ingleses en América si hubieran tenido los resortes para imponer su voluntad a través de lo que hicieron en sus propias islas, donde sí llegaba el brazo armado de Londres. ¿Por qué se cerró el Parlamento de Edimburgo y por qué entraban los casacas rojas a sangre y fuego en los Highlands cada vez que un clan protestaba, o en Irlanda cada vez que alguien quería abrir una iglesia católica? ¿Es que Escocia, reino independiente hasta hacía cuatro días, se merecía menos su autonomía que cuatro zarrapastrosos en Maryland? ¿Es que la libertad religiosa estaba estupendamente en Boston pero en Dublín no? Los mismos, y famosos, peregrinos del Mayflower se tuvieron que ir de Inglaterra en busca de libertad religiosa, lo cual da una idea de lo tolerantes que realmente eran los gobiernos de Londres. No, los ingleses no dejaron tranquilos a sus colonos por una supuesta liberalidad, modernidad y tolerancia que no demostraron en Europa, sino porque les hubiera dado igual aunque hubiesen intentado dominarlos, y la primerísima vez que un rey inglés intentó hacerles entrar por el aro con algo, el resultado fue el 4 de Julio de 1776. De los gabachos, espejo ultra-centralista en el que se empezaron a mirar nuestros borbones a partir de 1700, creo que no hace falta ni hablar.

Y así, precisamente en la época de mayor expansión geográfica, económica y cultural que ha experimentado Europa, justo cuando un mundo, literalmente, de oportunidades de todo tipo se abría a quien quisiera aprovecharlas, el campo de acción del español medio se veía incomparablemente más reglamentado, reducido y limitado que los del resto de europeos. Cualquier europeo que se sintiera con ganas de prosperar tenía muchas avenidas a su disposición aparte del servicio público o la milicia, pero un español no. Las encomiendas o las canonjías en la Casa de Contratación eran solo para los que tenían un cuñado en la Corte, las oficialidades del Ejército y sobre todo de la Armada estaban cerradas a los villanos, y meterse a cura, la única avenida real de progreso para los pobres listos, no tenía futuro familiar por razones obvias. La única salida para un campesino ambicioso era irse de tendero o artesano a América, como millones hicieron y han estado haciendo hasta los años 60 del pasado siglo, pero en tiempos del Imperio, por culpa del hiper-regulado y obsesivamente controlado mercado colonial español, de eso, de tendero, no se podía pasar, porque cualquier empresa de mayor calado requería el permiso del Virrey o de la Casa de Contratación, lo cual nos devuelve al punto anterior, al cuñado.    Víctimas de un estado y unas instituciones mucho más establecidas, desarrolladas, poderosas y omnipresentes que en ningún otro país europeo, con diferencia, los españolitos se fueron acostumbrando a mirar hacia Madrid, o hacia el virrey, corregidor o almirante de turno, en busca de su fortuna, porque ni la más brillante idea comercial iba a servir de nada si la Autoridad no te iba a dejar armar el barco, montar la caravana o siquiera abrir la tienda que tenías en mente, y poco a poco, cerradas todas las avenidas privadas para prosperar, nos hemos ido convirtiendo en funcionarios, cuando no enchufados, enchufistas o conseguidores, más que en empresarios. Y en esas andamos, una vez más, hicimos las cosas demasiado pronto y demasiado bien para nuestros propios intereses. ¿No tendrán ustedes algún cuñado en Génova o en Ferraz, que para poner el cazo no entiendo de colores?

NOTA: No voy a perseguir el hilo hasta el ovillo, y explicar por qué las Coronas de Castilla y Aragón estaban mucho más desarrolladas que las de Francia o Inglaterra, porque esto, lejos de ser una elucubración mía, es un hecho perfectamente documentado e incontrovertible, y ya explicado por gente cuya suela de zapato yo no alcanzaría ni con zancos. El que quiera, como decía, seguir el hilo, que se lea y disfrute de “Sobre los orígenes sociales de la Reconquista”, de Barbero y Vigil, en mi opinión el segundo mejor libro de Historia que se ha escrito en o sobre España desde el Quijote.

COMENTARIOS [0]
[ wh ] ha dicho:
13-03-2017

Otro ALMPazo. ¡Qué sigan! 

P.D. Ando por católicas tierras. Aquí, si a Putita Maestre se le ocurre entrar en una iglesia con los mismos modos que lo hizo en la Complutense, arderá en el 2017, es decir, se pudriría en un calabozo rodeada de feminazis que la exprimirían hasta el final.

[ Pailán ] ha dicho:
13-03-2017

 

Buena entraduca, ALMP, excelente remedio para el aburrimiento de las tardes de domingo.

Sobre el partido del Betis, en fin, ya lo ha dicho Pezuco. Vaya equipo de mierda-puntas (sic), en el que los que atacan, no marcan; los que crean juego, no lo crean ni lo destruyen (eso sí, sin energía); los defensas no defienden; el portero no para lo que tiene que parar (salvo excepciones, claro); y es la suerte del melón de Ramos quien nos tiene que sacar las castañas (y los melones) del fuego.

Viva Mourinho, joder

[ pezuco ] ha dicho:
13-03-2017

 

Se agradece la lección histórica de ALMP, otra más, y no puedo estar más de acuerdo con su excelente entrada.

Basta decir que en España dan tanto asco los empresarios que crean empleo y riqueza que incluso se les debe llamar emprendedores.

Y sí, en España el sueño de cualquier hijo de vecino es hacerse funcionario o en su defecto colocado por los políticos para asegurarse un futuro cada vez más negro.

Indudablemente ayudaría que en las escuelas se estudiaran materias como la historia, una historia real y no esa que vomita que Colon o Cervantes eran catalufos.

 

P.D. Otra vez Llull, y otra vez el melón de Ramos...Pero estas historias ya nos las sabemos de memoria, a fuerza de repetirlas.

 

[ Marcus48 ] ha dicho:
12-03-2017

Muy buena la entrada de ALMP. Si esto se estudiase en los libros de Historia -y ni la mentira "políticamente correcta" que ahora se lee en muchos de ellos-, quizá a alguno se le abriesen los ojos y, a muchos, se les caería la cara de vergüenza.

[ NickAdams ] ha dicho:
11-03-2017

Excelente, ALMP, una pena que no puedan leerlo los millones de andaluces que votan al PSOE o los que ahoran andan detrás de los malolientes traseros de Iglesias o Pedro el Fracasado.