[ LUCES DE CHAMARTÍN ]

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DEMASIADO BIEN Y DEMASIADO PRONTO

Antes de nada, quería agradecerles la acogida que le brindaron a mi toma de alternativa en esta Maestranza del madridismo irreductible. No me gusta la Lidia, pero quería hacerle un modesto homenaje a Victor Barrio, un hombre, que no es lo mismo que un macho del género humano.

Hoy también va de identidad, en este caso nacional. Ayer viajé de Santiago de Chile a México, ocho horitas, que en avión cunden que es una barbaridad, sobrevolando tierras donde se habla español y donde el Día del Pilar es fiesta, o aguas que bautizó el de la estación de metro, Nuñez de Balboa. De la tierra, que entonces Chile también era Perú, del Inca Garcilaso De La Vega a la de Sor Juana Inés De La Cruz. En frase de mi admirado D. Francisco Umbral, esos son los verdaderos ejércitos de la España eterna, más que los armados.

Pero, ¡ay!, a la llegada me dispuse a leer las noticias patrias y me encontré con lo de siempre: una mitad de España no la nombra sino en el palabro “Estado Español”, que ya me explicará el rogelioseparatismo de dónde sale el gentilicio si su patronímico, según ellos, no existe; y la otra mitad tampoco la nombra, no vaya a ser que les llamen fachas. ¿Qué nos ha pasado? ¿Cómo se pasa del Gran Capitán a Judas José Rodriguez, el felón ex general podemita? ¿Del vasco inmortal Blas de Lezo a Otegui? En fin, todos conocemos nuestras muchas glorias, y todos padecemos las también muchas vergüenzas actuales, no me extiendo más. Baste con decir que, en mi opinión, no hay ningún país en el mundo en el que el divorcio entre los merecimientos reales del país y la percepción actual de los mismos sea tan grande como en España. ¿Por qué?

Algunos me dirán que del pasado no se vive y que la desafección actual por la idea de España responde a problemas actuales, pero no estoy de acuerdo por dos razones: la primera, porque todas las naciones europeas han perdido también sus respectivos imperios, todas pueden mirar con nostalgia al pasado y decir que cualquier tiempo pasado fue mejor, y, sin embargo, nadie tiene los problemas que tenemos nosotros. Aún hay casos más sangrantes, como el de Italia, por ejemplo, que hasta hace 150 años era una colección de estaditos enfrentados entre sí, que no le ha ganado una batalla a nadie desde Trajano y que hoy tiene más problemas de todo tipo que nosotros, y aun así, su Lega Nord no es ni de lejos tan peligrosa como nuestros separatas de cabecera.

Y la segunda, porque si bien Sartre y otros comunistas champagne sesentayocheros pusieron el indigenismo y los sentimientos de culpa por el pasado colonial de moda en toda Europa, en España llevamos por lo menos desde el fin de la Guerra de la Independencia odiándonos y despreciándonos a nosotros mismos, para que luego diga Unamuno –por cierto, otro gran enemigo de la idea de España por mucho que ni él mismo se diera cuenta– que no inventamos nunca nada. 

Para mí, la razón última del sectarismo extremo de nuestra izquierda, de la cobardía palmaria de nuestra derecha y, también, de la famosa “Leyenda Negra”, en definitiva, de la desafección por la idea de España de la que antes hablaba está en que hicimos las cosas no chapuceramente, como normalmente nos auto acusamos, sino por el contrario demasiado bien. Me explico:

Alguno creerá que con el “demasiado bien” me voy a lamentar por los ingentes recursos financieros, militares, económicos y humanos que España dedicó a la Empresa Americana, pero no. Estoy efectivamente de acuerdo en que ningún país europeo dedicó tantos esfuerzos a sus respectivos imperios como nosotros al nuestro, pero España no estaba agotada durante el s. XIX. Los recursos que se dedicaron a cualquiera de las expediciones y guerras de prestigio en las que nos enredó el gobierno O´Donnell, como por ejemplo la de Marruecos o la del Pacífico, nos hubieran valido extensos imperios coloniales en Africa o Asia si hubiera existido la voluntad política de adquirirlos y si la opinión pública hubiera sido favorable a ello.

Entonces, ¿por qué los políticos que lanzaban alegremente a miles de hombres y docenas de barcos a costosísimas guerras sin motivos ni objetivos no querían sin embargo mandar quinientos hombres a conquistar una Angola entera, como hacía Portugal, por compararnos con alguien mucho más pobre que nosotros? ¿Por qué los cientos de miles de españoles que seguían emigrando a las ahora independientes repúblicas americanas o a la Argelia recientemente conquistada por los franceses no se organizaban en ligas coloniales o navales como se hacía en otros países europeos, con la finalidad de presionar a los gobiernos a adquirir colonias?

En mi opinión, la respuesta reside en la muy diferente visión imperial española, comparada con las de nuestros vecinos. Inglaterra, Francia, Holanda o Portugal, por no hablar de Bélgica y sus atropellos en el Congo, vieron siempre sus colonias como fuentes de recursos que explotar y mercados cautivos de los cuales abusar, pero para España el Imperio era tan España como Toledo, y se administraba bajo las mismas leyes que el resto de España, desde luego adaptadas a las condiciones especiales del continente.

Por supuesto que exprimimos hasta la última libra de plata que pudimos encontrar en América, como incesantemente nos recriminan y nos recriminamos, pero ¿es que no se quejaban ya Cervantes y Quevedo de cómo se exprimía a impuestos a Castilla para pagar las guerras europeas? ¿Es que Castilla no quedó mucho más yerma, despoblada y agotada a finales del Siglo XVII que ningún territorio americano? Igualmente, se escandalizan muchos por las conversiones forzosas de indígenas, pero ¿es que en España no acababa también en la hoguera cualquiera que se desmandaba un poquito? No debemos cometer el error de ver el s. XVI a través de nuestros ojos modernos. Los gobiernos españoles pudieron ser muy brutales –en todo caso no más que cualquier otro contemporáneo–, pero mi argumento es que no eran más brutales en América con los Incas que en España con los burgaleses.

Cortés presentó en la Corte de Carlos I, que no V, a Doña Malinche como tal, como una dama, mientras que cuatrocientos años después los ingleses seguían presentando a sus indígenas en jaulas en el Zoo de Covent Garden, para diversión del populacho. En 1551, apenas 26 años después de la conquista, fundamos la Real Y Pontificia Universidad de México, mientras que ingleses o franceses, a quienes tantas lecciones les gusta ahora darnos sobre “diversidad”, seguían preguntándose, en 1930, sobre la conveniencia de permitir el acceso de sus nativos a la educación secundaria.

Para bien o para mal, los españoles de América padecieron a Felipe IV o a Fernando VII tanto como lo pudimos padecer los europeos, y se beneficiaron de Fernando VI o de Carlos III tanto como nosotros. El preámbulo de la Constitución de Cádiz, aquello de “españoles de ambos hemisferios”, no era un brindis al sol para intentar parar lo probablemente ya inevitable, era la expresión política de tres siglos de historia común y de los sentimientos reales de los españoles europeos. 

 Y por todo esto, creo yo que la pérdida del Imperio, más que un agotamiento demográfico o económico, trajo un desengaño psicológico, una pérdida de fe en el valor de la civilización española y en nuestras propias posibilidades, que a corto plazo nos hizo rechazar la posibilidad de retomar la tarea colonizadora en Africa o Asia, y a largo plazo ha producido esta desafección para con la idea de España de la que hablaba antes.

También Francia e Inglaterra perdieron sus primeros imperios americanos, todavía antes que nosotros, pero su respuesta fue lanzarse inmediatamente a la consecución de otros. Y es que los franceses nunca habían pensado en Nueva Orleans como en la Orleans de Europa ni las leyes que regían New Hampshire se parecían ni remotamente a las que regían en la Hampshire vieja. Cuando Selim II recibió noticia de la derrota de Lepanto, dijo que la pérdida de la flota era para él como si le hubieran afeitado la barba, mientras que la pérdida de Chipre era para Venecia como si le hubieran sacado un ojo, y más o menos lo mismo pienso yo cuando comparo la pérdida de Nueva Francia y Nueva Inglaterra, por un lado, con la de Nueva España por otro. Y así, tuertos nos quedamos, sin voluntad de ir a conquistar otro imperio mientras nuestros vecinos se reponían de sus pérdidas, y maldiciéndonos a nosotros mismos mientras otros, con el positivismo imperante en Europa hasta la catástrofe de 1914, estaban encantados de haberse conocido. 

Claro que hoy no queda tampoco nada de los imperios coloniales de nadie, pero franceses, ingleses, holandeses o portugueses pueden consolarse diciendo que la descolonización era inevitable después de la II Guerra Mundial, que es el curso de la Historia, que les pasó a todos, que no podrían haber hecho otra cosa y que no dependía de ningún supuesto defecto nacional, mientras que nosotros, que perdimos el nuestro 150 años antes que los demás, estamos convencidos de nuestra inferioridad, cuando el único defecto del que adolecimos, y el único error que cometimos, fue el haber puesto demasiado empeño en algo.

Pero, a pesar de todo, mereció la pena.

COMENTARIOS [0]
[ diezenel93 ] ha dicho:
19-07-2016

Agradecer al autor del post por la interesante reflexión que pone encima de la mesa. Por aportar al debate, respecto del pasado imperial de España, resulta interesante analizar el profundo desconocimiento que tanto aquí tenemos de lo que ocurrió en América durante la Colonia, como allá respecto a la historia común e, incluso, a su periodo de independencia.

En unos años, se producirá el bicentenario de la independencia de la mayoría de los paises en America y, sorprendentemente, resulta curioso comprobar como también allí, las elites criollas y mestizas que gobiernan desde Río Grande a Tierra del Fuego, construyeron una imaginería sobre la independencia donde las leyendas negras forjadas por ingleses a finales del XVIII y primeros del XIX, han servido para justificar todo tipo de desmanes en estos 200 años. Por cierto, con apoyo de la Iglesia Católica.

Aunque a título de anécdota, en la capital de un país andino hay un monumento a lo que denominan el "grito del 10 de agosto", un acto de rebeldía ocurrido ese día de 1808, en el que supuestamente se celebra el primer levantamiento contra el opresor colonial. Sin embargo, si alguien tiene la paciencia de leer la placa, observará con sorpresa, que ese supuesto levantamiento contra la Colonia, en realidad es un acto de apoyo al entonces rey de España, Fernando VII. ¿Como es posible?. Simplemente por el desconocimiento y las toneladas de falsificación historica que, a nadie, le interesa desvelar. Unos amigos, residentes en ese país, vinieron a España hace unos años y, juntos, viajamos a varias ciudades, entre ellas a Madrid. Allí, como los que vivis en la capital conoceis, junto al palacio real, hay una placa en homenaje al 2 de mayo de 1808. A estos amigos, les hice ver lo incongruente de la historia oficial de ese país andino, pues era dificil pelear contra un rey español que en agosto de ese año, estaba preso de Napoleón. Su silencio, me mostró hasta que nivel la manipulación destroza la mente de las gentes.

En lo único que tengo alguna discrepancia con el brillante post, es en lo referido al odio de la izquierda desorejada con el concepto España. No creo que tenga que ver con el fin colonial, sobre todo tras 1898, sino mas bien con la irrupción de la tercera internacional en los años 20 del pasado siglo, que desgraciadamente en nuestro país, triunfó en la II República, arrastrando al partido socialista (o a gran parte de él) a las posiciones de Moscú. La derrota en el 39, obligó a esa izquierda irredenta a construir un imaginario en el que el concepto España, se identificó con el regimen de Franco (tal y como alguno de vosotros indicais) y esa falacia se ha visto agrandada por la labor interesada de los secesionistas en Cataluña y País Vasco, que además, han controlado la cultura (por llamarla de alguna manera) de este país en los últimos 35 años.

Si en mi Cataluña hay alguién nacionalista, es un personaje de las CUP o ERC, y por ello, cuando oigo hablar a alguno de que un progresista es un internacionalista, me echo a reir delante de él o ella.

Desgraciadamente, la culpa no la tienen solo ellos, también es responsabilidad de los gobiernos de nuestro país que no han sabido articular un discurso para frenar esta mentira. Si uno calla ante estas mentiras, alguien puede pensar que son verdad.

Nuevamente, mis felicitaciones al autor del post

[ bg_rules ] ha dicho:
19-07-2016

Y en otro orden de cosas..., leo que, por fin, Rajoy hace algo decente: ha mandado a la verdulera Villalobos a esparragar de la mesa de Congreso. Nunca es tarde...

[ wh ] ha dicho:
19-07-2016

A propósito de la excelente y didáctica entrada de ALMP y el complementario comentario de bg_rules añadiré una -creo yo- ilustrativa anécdota que me ocurrió, ayer, mientras paseaba por Budapest y que ilustra muy bien a esta España de hoy. Cuento: estaba visitando el monumento en homenaje de Imre Nagy, ese marxista desobediente cuyo gobierno reformista disgustó tanto a los "demócratas" soviéticos que invadieron Hungría en 1956,  ejecutaron a Nagy en el 58 y se quedaron ocupando militarmente el país hasta el muy cercano 1991. Pues bien, estaba yo fotografiando el monumento, muy cercano del Parlamento de Hungría, cuando apareció un nutrido grupo de españoles en visita guiada y me pudo la curiosidad a ver, primero, qué decia la guía sobre Nagy y la ocupación soviética y, sobre todo, qué decian los españoles. La guía, de origen hispano, pero a la que no pude identificar por el acento, estuvo impecable, dando una caña a los soviéticos y al comunismo que tuve que contenerme para no aplaudirla; los españoles,en cambio, estaban callados y cuando la guia terminó, no hicieron ninguna pregunta,..pero sí comentarios entre ellos:

Los primeros de un grupo de jóvenes que no pasarán de los 25 años:

- Ni idea de quien era el puto Nagy.

- ¿Y la Unión Soviética invadió a Hungría y se quedó hasta el 91? Joder...

Un marido cuarentón a su esposa que le miraba asombrada de que nada hubiese dicho cuando, para ella, tenia tanto que decir:

- Estamos de vacaciones...¿para qué discutir con esta ignorante?

Lo más gracioso -si es que esto tiene gracia- es que del monumento a Nagy se encaminaban hacia la estatua en homenaje a Ronald Reagan, pero ellos no lo sabían. 

[ bg_rules ] ha dicho:
18-07-2016

A todo lo que tan brillantemente explica ALMP, yo me atrevería a añadir que, actualmente, todas esas circunstancias históricas aludidas quedan pequeñas en su influencia negativa si las comparamos con la consecuencia de la deriva ideológica hacia a la izquierda que estamos viviendo -sufriendo- en España, producto de tres hechos historicos manipulados hasta la náusea: la II República, la Guerra Civil y el Franquismo. Hoy los conceptos de patria y de España se asocian a los vencedores de la Guerra Civil, y como conscuencia de ello son despreciados por una mayoría adecuadamente ahormada en un sistema educativo de una sola tendencia, en el cual la otra ha ido claudicando paulatinamente hasta mimetizarse con la hegemónica. Para que esto se produzca, la ayuda del PP, obviamente, ha sido inestimable. Mi idea es que esto no tiene vuelta atrás.

[ NickAdams ] ha dicho:
18-07-2016

Interesantísima la segunda aportación de ALMP. Muy cierta en relación a la forma en que se configuró y se intentó mantener el Imperio Español. 

Este país que ha sido uno de los grandes de la historia ha terminado siendo el único en el que gran parte sus habitantes se avergüenza de la trayectoria patria.

Yo soy de la minoria orgullosa de la historia de España.