[ LUCES DE CHAMARTÍN ]

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LES VALE TODO, I

¿Por qué a la izquierda le vale todo? ¿Por qué el saludo romano, que no “nazi”, está prohibido en media Europa pero todo el mundo va por ahí con el puño en alto y es estupendo? ¿Por qué hay partidos políticos en todo Occidente que despliegan orgullosamente sus hoces y sus martillos, pero la cruz gamada está proscrita y marginada? ¿Por qué los filtros de lenguaje obsceno de muchos foros de internet no te dejan escribir el vocablo “Hitler”, pero “Stalin” está permitido? ¿Por qué hay millones de idiotas extranjeros que han salido en defensa de Castro ahora que por fin su hermano se ha decidido a contarnos que se ha muerto, porque para mí que llevaba seis meses en formol, por lo menos? Supongo que todos nos hemos preguntado esto alguna vez, así que les voy a importunar con mis razonamientos al respecto.

En mi opinión, hay dos razones objetivas y basadas en hechos concretos, que llamaré “históricas”, y otras dos razones subjetivas, que llamaré “ideológicas”. Renuncio a sopesar la importancia relativa de cualquiera de las cuatro, a determinar el porcentaje de culpa que tiene cada una de ellas, porque me parece fútil, pero voy a dedicar casi todo mi argumento a las dos razones ideológicas, ya que las históricas son demasiado obvias para necesitar mucha discusión, y ustedes ya saben lo que me pone filosofar.

Comenzando con las históricas, la primera es ciertamente de Perogrullo: los fascismos fueron el Enemigo, así, con mayúscula, durante la II Guerra Mundial, la única guerra políticamente correcta, y por tanto enseñable en las escuelas, de la Historia -desde ya les amenazo con otro comentario sobre esto, algún día-, mientras que contra el comunismo sólo hemos tenido algún enganchón relativamente menor, como Corea o Vietnam. Stalin sería muy malo, claro, pero los aviones que bombardearon Londres no llevaban una estrella roja, y los que disparaban a los gringos que desembarcaron en Normandía tampoco eran rusos. Por supuesto que toda la Europa de Este tiene mucho que opinar sobre las “bondades” relativas de nazis y comunistas, pero las pelis se hacen en Hollywood, no en Varsovia.

La segunda de las razones históricas también está conectada a la primera: casi todos los regímenes comunistas han caído por implosión interna, no por derrotas militares, y nunca ha habido una invasión extranjera, con jueces y cámaras, que pusiera en evidencia los mataderos estalinistas. No hay filmes de las montañas de muertos de Kolima, como los hay de Dachau, y tampoco ha habido unos espectaculares y publicitarios Juicios de Nuremberg contra ninguna jerarquía comunista. A día de hoy, nadie ha podido consultar en un archivo un solo documento sobre cualquiera de las dos catástrofes más grandes perpetradas por el comunismo en su historia, y mira que la competencia es nutrida: el mínimo de 5 millones de muertos de la hambruna estalinista de 1931-1933 y los 30 millones de muertos, como poco, causados por el lunático “Gran Salto Adelante” maoísta de finales de los 50. Ni de la una ni de la otra hay fotos de esqueletos andantes, ni entrevistas, fuera del puñado de disidentes que pudieron escapar a Occidente; y por no haber, no hay ni cifras fiables. Y así no hay quien venda un guion. 

En fin, pasemos a lo de siempre, la ideología: la primera de las razones ideológicas que explican el inmerecido prestigio del que todavía, después de 99 años de fracasos, goza el comunismo es el propio atractivo de la idea comunista frente al capitalismo liberal, unido, y esto me parece un ingrediente crucial, a los cambios en la naturaleza del conocimiento que se llevan produciendo desde mediados del Siglo XX, y que la era de internet no ha hecho más que acelerar.

Es evidente que un discurso cimentado en el “abundancia para todos” comunista es incomparablemente más atractivo que el liberal “libertad para todos, y luego ya le llegará la abundancia al que se la sepa ganar”, esto no merece la pena ni discutirse. A pesar de que todos, y los comunistas los primeros, practicamos el egoísmo en nuestra vida privada, convendrán ustedes conmigo en que nadie puede salir diciendo en la tele, y mucho menos en un mitin, que menos mal de la inmigración, que el servicio doméstico español ya se estaba poniendo imposible, por ejemplo.No, la defensa del modelo liberal no está, no ha estado nunca, no puede estar, en el plano sentimental o emocional. En ese terreno de la víscera tan caro al rojerío, defender el liberalismo contra el comunismo es como hablarle de un contrato de separación de bienes a tu novia mientras ella te habla de amor eterno.

La defensa del liberalismo tiene forzosamente que encontrarse en el plano racional, como exige su árbol familiar, de padre racionalista inglés y de madre enciclopedista francesa. Que también manda narices que los nietos postmodernos del marxismo, que se decía “científico”, y desde sus pretensiones filosóficas se burlaba del “oscurantismo” y la “superstición”, no tengan hoy nada que ofrecer más que el grito visceral y la agitación callejera, pero en fin. El liberalismo, decía, tiene dos líneas de defensa muy claras, la conceptual y la factual.

En el plano conceptual, algún valiente podría intentar explicar que las famosas “Liberté” y “Egalité” son mutuamente excluyentes, como brillantemente nos explicaba el maestro Isiah Berlin. Si no le dedicas más de seis segundos a la cosa, la “Liberté” y la “Egalité”, así, como siamesas inseparables, suenan estupendamente, pero el problema es que Dios no nos ha hecho iguales. Los seres humanos tenemos inteligencias y capacidades de trabajo brutalmente diferentes, y la única manera de garantizar la igualdad del tonto y del vago es acabando con la libertad del listo y del trabajador. Ahora Berlin resulta que es un “fascista”, y eso que era judío, pero la izquierda no suele permitir que la realidad le estropee un buen agitprop.

Y en el plano factual, ¿qué decir? Noventa y nueve añitos de nada que lleva probando el comunismo, en ochenta países diferentes, de los cinco continentes, en distintas décadas, partiendo de niveles de desarrollo muy diversos, desde la sólidamente industrializada y desarrollada Alemania Oriental hasta Etiopía, desde la agrícola e indígena Bolivia a la moderna y próspera Venezuela, que aunque ahora parezca mentira, lo era antes de Chávez. Han probado el estalinismo más servil y ortodoxo en Albania, y una línea nacional e independiente en Rumanía; han experimentado con la industrialización masiva al estilo soviético y con un bucolismo agrario arcaizante en Camboya; los chinos han probado una diferente cada década, como Mao, o todas a la vez, una por región, como Deng Xiao Ping; los comunistas lo han probado todo y en todos los sitios, y el resultado ha sido siempre el mismo: muerte, miseria y opresión. Sin excepciones.

Pero no. Los comunistas siguen reclamando que el electorado les dé otra oportunidad para poner en práctica sus magníficas ideas y nadie se ríe en su cara, porque se conoce que la vencida ya no va a la tercera, ahora va a la centésimo tercera. También se llenan la boca hablando de “libertades”, y sobre todo llamando “liberticida” a todo el que no piensa como ellos, mientras reclaman impuestos del 80% de la renta, la nacionalización de todos los medios de comunicación o la prohibición de los colegios privados, pero nadie ataca su hipocresía. ¿Por qué les sale gratis siempre? 

Porque el argumento conceptual requiere de una capacidad de pensamiento abstracto que hemos ido perdiendo desde la invención de la televisión, y porque el argumento factual necesita, para ser expuesto adecuadamente, de un tiempo que hoy nadie quiere emplear en escuchar.Vivimos en una era visual y acelerada, en la que el pensamiento político y hasta las filosofías vitales se pueden expresar en 140 caracteres, y en la que el que presenta un buen PowerPoint a los jefazos se lleva el ascenso frente al que realmente ha sacado adelante el proyecto. Nuestras escuelas, hoy, trabajan con iPads como herramientas de enseñanza, y esos exámenes con cuatro preguntas “a desarrollar”, que se decía en mi tiempo, han quedado desterrados en favor de formularios con respuestas múltiples a elegir, todo inmediato y fácil. Hasta la televisión, esa televisión que mató primero a los periódicos y después a los libros, y con la que nos criamos todos, es ya demasiado ponderosa y torpe para las generaciones actuales: nadie quiere tener que tragarse noticia tras noticia que no interesa, hasta que hablen un poco de lo que queremos. Ahora vamos a internet, y ya clicaremos nosotros en lo que nos interese, a razón de veinte golpes de ratón por minuto, que con los titulares rapiditos ya nos vale para “estar al tanto de todo”. En fin, no soy sociólogo ni psicólogo, ahí están Giovanni Sartori, desde el lamento, o Michael Buckman o Christina Doyle, desde el entusiasmo, que explican todo esto mucho mejor que yo.

Cuando una fracasada actriz de telenovelas barcelonesa grita “¡Vivienda para todos!”, nadie quiere escuchar al catedrático que intenta explicar pacientemente que si la ley condonase el impago de las hipotecas, ningún banco se las daría a nadie; si la tele, o internet, te sacan unas fotos, siempre muy dramáticas, de personas sin hogar en Estados Unidos como “prueba” de que el capitalismo es tan malo como el comunismo, el argumento se acaba ahí, porque nadie tiene tiempo ni ganas de ponerse a repasar los últimos cien años para comprobar que, efectivamente, el capitalismo produce miseria algunas veces, pero el comunismo la produce absolutamente todo el tiempo.

Y así, en este nuestro mundo inmediato y superficial, el liberalismo no tiene un eslogan atractivo y bienintencionado que oponer a la “igualdad” comunistoide, en buena parte por la propia complejidad innata a la ideología liberal, pero también porque la otra gran idea básica, fácil de absorber, inmediata y altamente publicitaria que podría oponerse a la igualdad, esto es la libertad, ha sido secuestrada torticeramente por los propios comunistas, siempre tan duchos en la propaganda. Y de eso precisamente hablaremos la semana que viene, de la segunda razón ideológica causante del inmerecido crédito del que todavía goza el comunismo.

COMENTARIOS [0]
[ pezuco ] ha dicho:
08-12-2016

Aunque sea desde el móvil, no me resisto a comentar aquí que este es un gran artículo, que estoy de acuerdo con lo expuesto por el blogger hasta en la última coma, y que gran parte de  responsabilidad de que triunfe la canalla progre la tiene la derecha, incluida su ala liberal, que nunca está dispuesta a plantar la batalla ideológica.

Y yo también tengo ganas de leer la segunda parte de esto. Es un placer leer a ALMP.

[ NickAdams ] ha dicho:
06-12-2016

Muy bueno, ALMP, completamente de acuerdo con lo que expones. Impaciente me quedo a la espera de la segunda entrega. 

[ wh ] ha dicho:
06-12-2016

Creo que con la calificación de “excelente” me quedo corto en la valoración del último ALMP, el último intento conocido para intentar explicar por qué comunismo, sí y nazismo, no, cuando en ambos casos el NO debía ser rotundo y concluyente. Es más, ese permisivo SÍ a la ideología más mortífera de la historia es el que ha permitido que esta siga viva y nos amenace, ahora, en España, representada por los liberticidas podemitas. 

Está muy bien apuntada la bula que supuso la alianza del occidente democrático –y capitalista, claro- con el comunismo stalinista para parar los pies a Hitler y a sus aliados. Una alianza que ayudó a salvar a la Europa Occidental del nazismo y del comunismo pero que regaló a los hijos de Marx y de Lenin una buena parte de Alemania, Polonia, Rumania, Hungría, Checoslovaquia y Bulgaria. Casi nunca nos ponemos en la piel de los polacos, los checos o lo húngaros, los que con menos mansedumbre aceptaron ser aplastados por las botas rojas y por eso se habla abundantemente del París de 1968 pero muy poco del Budapest del 56 o de la Praga de ese mismo 68. Esos países vivieron más de treinta años –casi los mismos que llevamos de nueva y democrática constitución en España- bajo el yugo totalitario del comunismo, del que  se liberaron gracias un complejo proceso que comenzó en Polonia, liderado por los valientes sindicalistas de Gdansk –nada en común con los Tochos y cía-, y apoyado por Reagan, Thatcher y el Papa WojtyÅ‚a –nada común con Obama, May y el Papo Bergoglio- y creo que la mayoría de sus poblaciones tiene muy claro que a ese infierno –vendido hábilmente como un paraíso, o si no que le pregunten a los cubanos- no quieren volver jamás.

¿Por qué entonces aquí, en España, damos tanta cancha a los oportunistas ignorantes que nos quieren llevar a la miseria colectiva? Ese es uno de los misterios más difíciles de resolver y a cuya resolución intenta aportar cordura y raciocinio ALMP en esta entrada, pues entre los que depositan sus papeletas para llevarnos partitocráticamente al infierno comunista, y dejando de lado a los oportunistas ególatras tipo Pablete, hay muchos ignorantes y/o adoctrinados que sólo abrirán los ojos cuando sea ya demasiado tarde –y que pregunten sobre ello a algunos venezolanos que, ahora, en nuestras ciudades, se preocupan porque quizás tengan que arder por segunda vez-. Todavía les queda tiempo, pero no demasiado.