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LA TRASCENDENCIA DE MOU

La voz de hoy: ZARPI.

Han desfilado mareas de píxeles desmenuzando milimétricamente cada vergonzoso escándalo montado por Gran Hermano contra la imagen del monstruo de Setúbal. Sin embargo, poco se han tratado las características genuinas que logra reunir un brillantísimo técnico deportivo para provocar tanta inquina en el país de la libertad -de autocensura ante cualquier posible perturbación del discurso progre antiespañol-.

Analicemos primero algunos rasgos mourinhistas que cualquier españolito podría compartir de no haber sufrido tan oportuno lavado de cerebro durante las últimas décadas:

- Libre. En el paraíso del enchufismo, la subvención y el “pico de la muleta”, la envidia insoportable que produce un extraño ser que se muestra orgulloso de haber alcanzado el éxito “en corto y por derecho”, por puro trabajo y sin deberle nada a nadie.

- Moral. Ser católico, jactarse de ello y predicar con el ejemplo; peligrosísimo asunto para el equilibrio de  nuestro actual erial de valores -requisito previo indispensable para que cualquier totalitario pueda manejar sus esclavos ciudadanos a su antojo-.

- Patriota. Orgulloso de su país, su tradición y sus raíces. Insoportable por estos lares de “un lugar llamado mundo” donde el buenista confuso pulula altivo cacareando su odio a todas las banderas, mientras aprovecha la menor ocasión para envolverse en cualquier trapo multicolor que no sea su divisa rojigualda.

- Auténtico. Denuncia la mentira, no soporta la hipocresía y nunca se pliega a ella; si el mundo del fútbol  está corrupto y es utilizado aquí como arma política, lo dice. Arriesgado ejemplo para una mayoría obligada a vivir confusa y acomplejada frente a unos entronizados lastres nacionalistas a los que se permite todo con el objetivo de mantener a esta secuestrada nación débil e inconsciente de su potencial.

Para finalizar, repasemos algunos rasgos únicos que también definen a este genio lusitano para terminar de ponérselos de corbata a los más tramposos entre los poderosos:

- Trabajador incansable. Con su exhaustivo análisis de cada detalle, llega a parecerles un brujo a sus jugadores por su capacidad de adivinar lo que sucederá en un partido. Se gana la confianza y da ejemplo, para poder exigir el máximo de la misma manera a quienes trabajan con él.

- Visión estratégica. Hasta el punto de engañar a sus más poderosos enemigos volviendo contra ellos mismos sus sucias tramas.

Ejemplo 1: en un momento determinado, a su club puede convenirle transmitir informaciones que den la sensación de ruptura total del vestuario para que quienes manipulan la competición te permitan contar con un jugador clave —pongamos Pepe tras un pisotón de mano— en el partido de vuelta de Copa, y para que los contrarios también se confíen mientras tus propios jugadores recuperan el ánimo y un plan tras un nefasto partido de ida que les dejó hundidos… El resultado de aquella genialidad fue un repasazo merengue en el Camp Nou, y el cambio definitivo del sentido de los clásicos en el momento menos esperado por todos; bueno, y que el apellido Teixeira sea recordado desde entonces no precisamente por su calidad arbitral.

Ejemplo 2: Cuando se dice que Mou terminó cogiéndole el tranquillo al Barcelona, sabiéndole jugar y ganándole hasta con los suplentes, me parece evidente que la pieza clave de ese giro de la tortilla fue poder llegar a jugarle a los de la esquinita de tú a tú y presionarles. Cada escándalo remarcado por Mou, cada denuncia pública de la manipulación a favor de los culés, alejaba al Barcelona de poder volver a ganar con el árbitro friendo a tarjetas al Madrid a la menor presión. El éxito de Mou fue fundamentalmente ponerlos frente al espejo público, para que el Madrid pudiera plantearle a los azulgrana en el futuro lo que nunca tuvieron y menos les convenía: un partido físico con algo de dureza y al menos la misma presión que ellos hacen. La temporada pasada en el Chelsea pudimos comprobar la continuidad de su estrategia anti-manipuladores, poniendo nombre y haciendo famoso a cada árbitro que se la preparaba como receta para evitar que le repita jugarreta; si antes era interminable su lista de Stark, Ovrebo, De Bleeckere, etc..., ahora sigue existiendo algún Mr. Dean o Foy.

Con este código genético como carta de presentación, sobra explicar el daño causado a tanto ilustre acostumbrado a parasitar bajo el manto de lo políticamente correcto. Siempre estaremos los españoles en deuda con el valiente Mourinho porque su legado fue público y auténtico, y eso no hay propaganda, topo o Ser Superior que pueda borrarlo.

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