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Y AHORA EL ATLETI

Con la primera de las seis competiciones a las que aspiramos este año en las vitrinas de la sala de trofeos del Santiago Bernabéu, la Supercopa de Europa, sin apenas tiempo para mirar hacia atrás, ya estamos en vísperas de la siguiente disputa: la Supercopa de España.

Esto supone subir un escalón, quizá no por el prestigio que reportaría el trofeo en sí mismo, pero sí por el rival que tendremos enfrente: el Atlético de Madrid. Si hay un equipo correoso, duro, que juega al límite permitido y que es extremadamente difícil de ganar, ese es el vecino de la ribera del Manzanares.

Todavía se mantiene fresco el recuerdo de Cardiff, apenas han pasado unos pocos días y parece que ha cundido el optimismo entre el aficionado madridista. Eso no sería malo si no se percibiera cierta sobredosis de euforia poco recomendable y para nada saludable. No paramos de leer en la prensa deportiva encuestas acerca de los títulos que los blancos ganarán este año (algunos aseguran que los seis disponibles) o sobre si tenemos la mejor plantilla de la historia del Real Madrid. Como tantas veces, parece que la historia se repite, que cuesta aprender de los errores y olvidamos demasiado deprisa. 

Y es que aunque no lo parezca, no hace tantas temporadas, tuvimos una época que algunos denominaron "galáctica", donde tenían que convivir Zidanes (estrellas consentidas hasta el infinito que mandaban en el club) y Pavones (que no tenían la categoría para jugar en el mejor club del siglo XX) y la cosa terminó peor que mal, costándole incluso la dimisión al presidente de turno (no sabemos si escapó por la puerta de atrás o por la ventana), un presidente que ha vuelto (no se sabe si para perpetuarse) después de contarnos que había aprendido de sus errores.

Es difícil dirigir a un club de fútbol como a una empresa constructora. Sus dueños van cada 15 días al estadio y se enfadan si su equipo pierde, y nadie olvide que son muchos miles de pequeños dueños, aunque no sean tenidos en cuenta salvo para pagar su carnet de socio y votar cada 4-5 años. El éxito aquí no depende de la cuenta de resultados sino de los triunfos, la gente no mira el balance contable sino a la Cibeles. 

En aquella olvidada época galáctica se vendían jugadores que vendían pocas camisetas (Redondo, Makelele) y se fichaban rutilantes estrellas. Nos olvidamos que en un equipo de fútbol, como en ACS, se necesitan arquitectos de fama mundial, pero son imprescindibles los obreros que pongan el músculo. No cometamos los mismos errores. ¿Y si necesitamos a un extremo que sustituya a Dima y no a James que parece el doble de Benzemá? ¿Y si no necesitamos a un Navas que sustituya a un gran profesional como Diego López y necesitamos un delantero centro que meta goles cuando nuestros atacantes no tengan espacios para correr y llegar desde la segunda fila? ¿Y si nos sobraran jugadores perniciosos como Casillas y otros que no dan la talla como Isco e Illarra?.

A este paso Carleto va a quedar como un encajador de las piezas que le trae el presidente, unas piezas que él no ha pedido y pueden romper su famoso equilibrio del puzzle. Ilusiona la parte de arriba del equipo, creo que los atacantes que disponemos no tienen parangón, la famosa BBC, y ahora el flamante Toni Kroos, pero si miramos hacia atrás llegan las dudas. No sabemos lo que dará de sí físicamente Alonso, los posibles cortocircuitos mentales de Pepe, la cordura del Beckenbauer de Camas, la maltrecha rodilla de Varane, las pasadas de revoluciones de Carvajal o las puñaladas traperas del topo.

Como decíamos al principio, ahora toca el Atleti, que nos va a exigir el máximo para ganar la Supercopa, una buena piedra de toque para calibrar en donde nos encontramos a estas alturas de pretemporada. No será el Sevilla que a las primeras de cambio se descompuso ante el chaparrón blanco, y a nadie se le olvide que la eliminatoria es a doble partido, 180 minutos, quizá por eso lo más importante sea mantener una consistencia defensiva para no encajar goles en casa.

Esperamos que lo de Cardiff no fuera un espejismo, que tengamos paciencia cuando el rival se encierre en su campo, nos esforcemos en tareas defensivas para recuperar rápido el balón y sepamos aprovechar nuestra velocidad, las contras y las oportunidades de gol que no creemos que serán demasiadas. Del equipo del Cholo esperamos que se dedique a jugar al fútbol, que no busque enfrentamiento extradeportivo y, sobre todo, que no lesione a ningún jugador. Ojalá podamos ver un partido limpio, bonito y del que sólo se hable de fútbol.

Y si hay preparada una pitada al presidente por la canallada a Diego López que sea antes del partido, cuando ruede la pelota todos debemos estar unidos para animar al Real Madrid, incluso si como parece juega el Topo de Móstoles. Pitarle durante el partido sería tirar piedras contra el tejado de la casa madridista, no siempre estará su amigo Sergio para sacarle las castañas del fuego en el descuento, y el club que D. Santiago hizo grande está por encima de todo, incluso del asco y la repugnancia que nos produce ese miserable portero.

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