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LA NO DIMISION DEL MARQUES

A escasas fechas de que La Roja finalice su penoso periplo por el Mundial brasileño, es hora de empezar a valorar su papel, y sobre todo el de su máximo responsable, el seleccionador Vicente de Bosque.

Creo que casi todos coincidimos en que la mejor manera de definir ese papel es de rotundo fracaso. Y no por perder sus dos primeros encuentros, sino por haber hecho el ridículo. A nadie se le escapa que si la Roja (no quiero denominar España a ese ente) se hubiese esforzado, hubiera dado muestras de vergüenza torera o hubiese demostrado algo de orgullo, ahora nadie estaría pidiendo cuentas al seleccionador, independientemente de las derrotas.

Esta historia mundialista empezó demasiado mal como para tener un final siquiera aseado. Comenzó con la famosa lista "delbosquiana", que aquí definimos como de los amiguitos de Del Bosque. Entre surrealista e irreal, se premió con la inclusión en dicha lista a jugadores que en el Barcelona hicieron una temporada horrible, a otros en alarmante decrepitud e incluso algunos con problemas físicos que hacían temer su imposibilidad de jugar el Mundial.

Por el contrario, se "castigó" con su exclusión en la Copa del Mundo a jugadores madridistas por no comulgar con ruedas de molino. La explicación la dio el mencionado marqués diciendo, más o menos, que era preferible un vestuario sano a muchas horas de táctica, porque cuanto mejor se lleven los jugadores, tendríamos más éxito. O por así resumirlo, el compadreo por encima de la meritocracia: progresismo en estado puro.

Después del desastre holandés, y dado que el 5-1 nos hizo daño, aparecieron algunas voces (realmente fueron muy pocas) que osaron cuestionar el sacrosanto estilo de juego, el denominado tiquitaca, ese oráculo elevado a los altares por la prensa subvencionada. Entonces se contestó desde ese oficialismo que había que morir con el estilo. Y vaya si hemos muerto, sólo falta que se oficie el entierro. Viendo las dos últimas temporadas de este sistema de juego en el equipo culé o este año en el Bayern de Munich no era aventurado pensar que La Roja seguiría el mismo y fatídico camino.

Después de certificar el billete de vuelta a casa jugando contra la verdadera Roja (la selección chilena), un jugador con una conducta ejemplar dentro y fuera de los terrenos de juegos como Xabi Alonso dijo algo así como que el problema estuvo en que no estaban preparados para jugar el Mundial y que faltó hambre de triunfos. Y como no podía ser menos, sus propios compañeros de selección y la prensa aduladora y cobarde salen en tromba contra él. Nadie analizó si sus palabras pudieran ser ciertas, ni siquiera importó que el propio marqués semanas antes del Mundial dijera algo parecido a lo que expresó el jugador vasco (aquello de no ver lo mismo en los ojos de los jugadores). Ipso facto se procedió a su crucifixión.

Quizá alguien pudiera pensar que después de este tremendo fracaso, Del Bosque dimitiría y dejaría paso a un nuevo seleccionador que iniciase el cambio o la renovación necesaria. Mucho nos tememos que esto no se va a producir. Las últimas declaraciones al respecto anuncian que está dispuesto a seguir en el cargo, si la Federación así lo quiere (aunque no quiere ser un estorbo, todo un consuelo).

Empoltronado en su cargo (poltrona mejor que bien remunerada) al frente de la RFEF desde tiempo inmemorial, Ángel María Villar ya ha dicho a través de sus esbirros que quiere la continuidad del seleccionador al menos hasta la próxima Eurocopa, y parece que esto va a ser así. Apelar a la dignidad, sentido del deber, honor y cosas parecidas del marqués y su jefe caería en saco roto.

Hace pocas horas, este personaje, rayando el esperpento, se ha descolgado con unas declaraciones que son toda una declaración de intenciones: "Me duele que digan que he sido una marioneta en manos de los jugadores del Barça". A muchos no nos duele que lo digan, porque lo creemos cierto, y a día de hoy, creemos que el seleccionador de esa cosa llamada Roja sería un cáncer en el Real Madrid si oportunamente no se hubiera prescindido de sus servicios. 

El Sr Del Bosque está mayor, anticuado para el fútbol, rezuma rencor antimadridista, ha perdido el favor del aficionado y pocos piensan que se pueda renovar el equipo sin pasar por su máximo responsable.

En el fondo, lo que a muchos nos duele es que ahora no tengamos a una ministra de educación (Esperanza Aguirre) capaz de "dimitir" al seleccionador nacional (Clemente, desastre chipriota).

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