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EL DESHONOR Y LA GUERRA

Los contundentes artículos publicados en MQM en los últimos dos días me hicieron recordar el riesgo que entraña complacer al niño caprichoso o satisfacer las ansias de quien nunca queda satisfecho. La Historia está llena de ejemplos en los que el apaciguamiento o "appeasement" no ha servido más que para arrojar (sic) luz sobre la verdadera naturaleza de quienes lo practican. Fue Churchill quien puso palabras a lo que en esta piel de toro llamamos “templar gaitas”, cuando Chamberlain y Daladier volvieron de reunirse con Hitler y Mussolini en la conferencia de Munich de 1938, tras regalar los Sudetes a Alemania: "Os dieron a elegir entre la guerra y el deshonor. Elegisteis el deshonor y tendréis la guerra". Y en estas está Florentino.

Y es difícil entender por qué. El Real Madrid Club de Fútbol paga (y paga bien) a sus jugadores, aunque en no pocas ocasiones, deberían ser ellos mismos quienes pagaran por vestir esa camiseta y lucir ese escudo. "Sí, pero entonces no tendrías jugadores buenos", se argumenta. De acuerdo, paguémosles y paguémosles bien, en el entendido de que quien no cumpla con las exigencias del club, no vuelve a jugar. "Ya, pero los partidos los juegan y ganan los jugadores", se replica. De acuerdo también. Pues si es necesario, que jueguen los del Castilla. A otros equipos no les va tan mal y no me creo que la calidad de la llamada "Fábrica" sea inferior a la de otras canteras. Y a ver quién puede más. Los hechos concretos pueden encontrarse en el artículo de MQM de ayer.

Por un simple motivo de higiene intelectual, cabe preguntarse por qué este apaciguamiento, qué razón impulsa a nuestro Chamberlain de Fuencarral a conducirse de esta manera suicida para el mejor club del siglo XX. Ya sabemos que la respuesta no se encuentra en la llamada prensa deportiva (dos palabras, dos falacias), sino en aquella otra que se tinta de color salmón. La simplificación caricaturesca de "vender camisetas" esconde operaciones de mayor porte, que son causa y consecuencia del desastre que se avizora en lontananza. Y ya se sabe que los negocios y el parné requieren silencio y sosiego. Pero, oiga, yo quiero que el Real Madrid gane títulos y prestigio, no dinero ni contratos de obra allende los mares. El Real Madrid debe ser un fin en sí mismo y no un medio.

Y que nadie se equivoque. La crítica honrada, aun ácida, a la forma en que se dirige el Real Madrid Club de Fútbol no es síntoma o prueba de anti-madridismo de ningún tipo, como tampoco es anti-español quien critica al Presidente del Gobierno. No hace tanto tiempo, Zapatero acusaba de anti-patriota a quien criticaba sus políticas y ya vimos cómo acabó la Patria con semejante patriota y sus palmeros. Análogamente, surgen como setas ciertos personajes de estatura similar (a la de Zapatero y a la de las setas) que acusan de anti-madridistas a quienes practican el sano ejercicio de pensar y expresar lo pensado de manera coherente y articulada, aunque duela. Ya lo dice el refrán: lo que pica, cura y lo que no, madura.

La Historia nos enseña que el apaciguamiento de la conferencia de Munich, vendido por Chamberlain como “la paz para nuestro tiempo”, no evitó la Segunda Guerra Mundial, menos de un año después. Ceder a las exigencias de los jugadores tampoco evitará una crisis similar a la que ya padeció el club en 2006. Hay poco tiempo para corregir el rumbo y pronto veremos si este modelo de club es un sólido navío capaz de hacer frente al peor temporal o un barquito de cáscara de nuez, a merced del viento y de las olas.

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