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ANCELOTTI EN SU JARDIN

Caro Carletto:

Tras un año por estos pagos, sobre el que me apoyo para permitirme la familiaridad y el tuteo, sabrás de la hispánica costumbre de admirar y hasta respetar a aquellos que tienen suerte, como la moruna “baraka” o la fortuna de los generales que elegía Napoleón. El castizo concepto de la flor en el culo, empleado para referirse a esta clase de personas suertudas que adornan su tafanario de esta vegetariana manera, debería ampliarse en tu caso al de un jardín entero similar al del palacio de La Granja, porque vaya tela la potra que has tenido en esta final.

Tengo que confesarte que prefería al Atlético de Madrid (en lo sucesivo, el Aleti) antes que al Chelsea en la final de la Champions League, por la falta de hábito de su técnico y jugadores en partidos de este tipo. Salvo contadas fases del partido, creo, humildemente, que he acertado. Pero, óyeme bien, Carlo: eso no aumenta tu mérito. Al contrario.

Para empezar, mandaste al equipo de vacaciones después del partido de Munich, igual que Martino hizo con su Barcelona, por cierto, cuyos jugadores andaban de “parrishadas” y promociones comerciales por medio mundo desde Semana Santa, con las consecuencias de todos conocidas. Mi deseo inicial se transformó en mosqueo y prevención al ver las pachangas que tus chicos jugaron en Valladolid y Vigo y el baño de intensidad que el Aleti le dio al culerío hace una semana en su propia casa. Eso sin contar con las lesiones (o así) de tus jugadores que anunciabas a los cuatro vientos y de las que me voy a ocupar en un minuto.

Para continuar, me alineas a un portero que juega (por emplear un verbo, digamos, incoloro, inodoro e insípido) a tiempo parcial. Si el diario As de los años 70 tuviera que dar una nota a Casillas por este partido, reseñaría el clásico “Sin calificar por falta de trabajo”, a lo que habría que añadir “y el que hizo, lo hizo mal”. Iker ya no está ni para jugar la liga de veteranos de la comarca del Jiloca, por mucho Mundial que haya ganado o vaya a ganar. Trató de intervenir dos veces en sendas salidas que, en fin, me abstengo de calificar. Con el pie no pasó del medio campo y casi siempre dio ocasiones de ataque al contrario. Eso sí, los grititos de “¡Fuera! ¡Fuera!” en los corners se oyen muy bien en la tele. Ya me dirás qué futuro le reservas el año que viene.

En el eje, me pones a un chico que prometía grandes noches de gloria, pero al que una lesión y me temo que algo más le apartaron de la titularidad. Por delante de él, lanzas a la pelea a un aguerrido legionario que acaba de salir del hospital y que ha jugado medio partido (¡medio partido!) en los últimos seis meses. Y arriba, dejas (sic) que juegue un Cristiano que lo hizo a medio gas, supongo yo que pensando en el Mundial, en marcar una faltita o un penalti y enseñar musculamen. De acuerdo con lo de Varane, pero ¿y Casemiro? ¿No dijiste que ibas a poner a Illarramendi, ese corredor de vaquillas? No entiendo nada, Carlo.

Con la confianza que dan tantos meses de contrariedades y disgustos, y ya que estamos con la estrategia de los despistes, te diré que ese jueguecito que te trajiste con Simeone sobre las lesiones o las titularidades no me ha gustado nada de nada. Para tu información, te diré que entrenas al Real Madrid Club de Fútbol y que somos la referencia en la que han de mirarse los rivales. Mal si pretendes engañar al contrario con supuestas lesiones, pero si sacas a jugadores renqueantes, peor aún. Daba pena ver a Cristiano, Khedira o Benzema arrastrarse por el campo. Por cierto, convendrás conmigo en que el ridículo de Diego Pablo cambiando al otro Diego a los ocho minutos de partido es de los de aurora boreal. ¿Te has parado a pensar que podría haber pasado lo mismo con Cristiano? ¿O con Khedira? Si le hubiera pasado a Benzema, casi mejor, qué quieres que te diga. Morata hace lo mismo que él, pero al menos transmite algo de casta.

Pero no todo han sido malas noticias, que algo habrás hecho para ganar. La defensa estuvo sobria y efectiva. Ramos jugó un muy buen partido, sin más “ramada” que la de ganarse una tarjeta tras recorrer todo el campo para protestar una entrada sobre Di María que ya le había costado a Raúl García su (merecida) tarjeta. Además, en el descanso supiste insuflar a tus jugadores una fe de la que carecieron en la primera parte y, para variar, hiciste los cambios con tiempo suficiente para reaccionar. Bale es un auténtico pura sangre, pero convendría que le quitaras las orejeras para que viera al compañero desmarcado. Modric y Di María jugaron también un buen partido, en la línea de los últimos que han jugado en Europa: entrega, sacrificio y buen hacer. El Aleti, por su parte, se fue poco a poco vaciando de esa voluntad de vencer que crecía en la acera de enfrente y acabó encerrado en su área. Paradojas del destino, los rojiblancos probaron su propia medicina al encajar el empate en un córner en el minuto 93, de precioso testarazo (otro más) de Ramos. 

El lenguaje corporal que adoptaron los jugadores de ambos equipos tras el tiempo reglamentario no dejaba lugar a dudas: iba a ganar tu Real Madrid, Carlo. Y por si alguno no se había enterado de ello, Simeone hizo de Simeone y, justo antes de que empezara la prórroga, para que se viera bien, se fue hasta el centro del campo para, inexplicablemente, protestar al árbitro los cinco minutos añadidos a los 90 anteriores. Lo mismo hizo al acabar la primera parte de la prórroga y todavía con 1-1. Luego vino el cabezazo de Bale tras jugada individual de Di María, el gol de Marcelo entrando hasta la cocina y el penaltito sobre Cristiano, para que el portugués marcara ante su parroquia. Y Simeone otra vez desquiciado y perdedor.

En conclusión, ganó el partido el equipo que tuvo más fe y confianza en el triunfo. A día de hoy, tu Real Madrid, Carlo, nuestro Real Madrid es imbatible en este negociado. Pero, qué quieres que te diga, también ganó el técnico que tuvo más suerte, carissimo amico, porque Simeone ha trabajado a conciencia para hacer ganador a un equipo de clase media, mientras que tú te has echado en brazos de la diosa Fortuna para hacer lo mismo, ganándote, eso sí, el respeto y la admiración de España y del mundo.

Que sea enhorabuena, hombre, que ya habrá tiempo de sacar conclusiones de la temporada. ¡Ah! Y que no se me olvide reseñar la emoción que sentí al ver jugar a dos equipos españoles la final de la orejona en casa de nuestros hermanos. Supongo que tú la compartirías.

Tuyo afectuoso,

Pailán

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